sábado, 24 de septiembre de 2011

ERECCIONES Especial Revista SOHO



EL HOMBRE DE LA CASACA VERDE

Escribe: Eloy Jáuregui


1.
Era el único macho de mis siete hermanas. La erecta esperanza de mi padre en aquel barrio limeño de Surquillo donde a los homosexuales los aderezaban con piropos de un glamour primoroso. No obstante, en casa, muñecas y cosméticos contrastaban con mis dos pelotas. La de cuero de 32 paños y la de trapo, de medias de nylon de mis primas que yo confeccionaba con mis manitas de colegial bobalicón. En el colmo, mi madre, gerenciaba un salón de belleza y yo, acomedido, ordenaba los ruleros y peinetas. De premio, ella me obligaba a que la acompañase al cine “Primavera” a ver a Sarita Montiel, una española tetona que dejó un bodrio para el cine: “La violetera”. Un domingo mi padre, mientras se quejaba de su mala suerte, ebrio de pisco y cólera me apunto con su dedo y pegó el grito: “Solo falta que éste me salga marica”. Era una sentida sentencia que lejos del rubor hermafrodita, produjo a mis 13 años el primer erguimiento bajo ventral.
Mi educación sentimental fue la de un semental. Pésimo en matemáticas, mi fuerte en el colegio Ricardo Palma fue mi palma. Lujo de la lujuria. Precoz onanista, medía la física y la metafísica con una sola mano. Si existía una poética por qué no una erótica, me decía. Y aquello fue mi fuerte, las revistas de artistas. “Ecran” era mi favorita. Carnívoro miope, fui devorado por el ojal encarnado de las actrices Ana Luisa Peluffo, Ana Bertha Lepe y Sonia Furió, en ese orden. A falta de una, tres hembras latinas esperaban por mi lengua todavía muerta. Sus tetas y muslos suplicaban mi hipotenusa erecta para su ángulo recto. Yo, Pitágoras, vivía en un calduriento teorema. Así, mi padre me sorprendió con un enigmático regalo. Una casaca verde con capucha que adquirió de contrabando en Bolivia. Para el clima amariconado de Lima, yo más parecía el abominable hombre de las nieves, incluso al mediodía. Mis tías decían que me quedaba regia y alguna vecina me susurraban babeantes: “ese, mi osito lechoso”.


2.
La calle y la Escuela Fiscal 405 se llamaban La Rectora junto a la iglesia Santa Ana en el Cercado de Lima. En el libro de bautismos 74 de 1943, folio 121, está registrado como católico, Alberto Fujimori Fujimori. Fue ahí donde el hoy condenado expresidente estudió la primaria. La arquitectura del sitio luce casas modestas de dos pisos que en aquel 1967 se había puesto de moda al concentrar una discreta zona rosa. Supongo que Fujimori había dejado la semilla de la corrupción en el barrio que, caída la tarde, se convierta en una rumorosa feria sexual junto a la escuela e iglesia. De esos días venía mi amistad con Obregón. Un compañero de carpeta que no solo era el mayor de la clase sino brigadier y capo. Él administraba los sobornos a los profesores y era caudillo cuando avanzábamos en turbas a darnos de alma contra otras secciones. Peleador, cierta vez me enseñó una navaja de matarife: “es para llevarle plata a la Ivón”, me explicó. Ivón trabajaban en uno de los siete burdeles de la calle La Rectora. Obregón no hizo mayor esfuerzo para que la conozca.

3.
Una tarde me dijo: “ponte tu casaca verde para que parezcas hombre y vamos al paraíso”. Yo sudaba frío cuando llegamos. Subimos las gradas, pagamos y pasamos al único salón. Una veintena de mujeres maduras esperaban a sus clientes. La más joven era Ivón. “Te traigo a mi ahijado, tu serás su madrina” ordenó Obregón. Ella me llevó de la mano como a un ciego sexual. El cuarto, además de la cama tenía una palangana y una toalla sucia. Todavía recuerdo esa luz mientras ella me desnudaba. Luego pasó lo que tenía que pasar. Al regreso ya de medianoche, yo definitivamente era otro. Solo a los días descubrí que en esa primera vez me había olvidado la casaca verde en el cuarto de Ivón a quien nunca la volví a ver. Mi padre siempre preguntaba por qué no me ponía la bendita casaca hasta que una noche me obligó a que se la mostrara. “Podemos hablar de hombre a hombre”, le respondí de pie. Así, frente a mi madre y mis hermanas, miré los ojos de mi padre y expliqué con voz estentórea los detalles de mi hazaña con Ivón. Hubo un silencio eterno. Luego, mi padre se levantó, tiró la servilleta, apuró un trago de pisco y grito: “Es hombre, carajo, es hombre”. Yo no sé hasta hoy quién se quedó con mi casaca verde, si la fogosa Ivón o el sátrapa de Fujimori.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

TU MALA CANALLADA (4) diario LA PRIMERA




Alan. el vacío descomunal

Escribe Eloy Jáuregui

Extraño aAlan García. De veras, su vacío mastodóntico me lleva a la perdida melancolía. Hay una socavada vacante en mis días. Aquel fofo mandatario me aplasta con su desocupada ausencia. Quién cantará en mi ventana, quién del puntapié en el poto, quién del verbo en ayunas y solemne desprecio por los peruanos de segunda. Cierto, en mis horas de insomnio sintonizaba Canal 7 y por enésima vez me dormía acurrucado a sus discursos e inauguraciones. Hoy ni eso, ni el valsesito ni su mordaz rapidez de la réplica. Qué será de su litio, del galope a corcel patuleco, de su vientre descomunal para el bien y para el mal. Sufro del síndrome de Estocolmo, era feliz secuestrado a su estilo pantagruélico y eso que yo lo conocí espárrago y magro en carnes y más quijote soñador. Y eso que hace apenas 30 días que se nos fue.

Los peruanos a veces somos injustos. En el 2005, mientras orquestaba su campaña para demoler a Humala nos invitó a almorzar a su oficina-laboratorio sobre la Vía Expresa en San Isidro. Yo era director de una revista que tuvo la importancia fugaz de un pedo. Tonto, imaginé un copioso banquete, con mozos y rucas, vinos franceses y desengrase. Nada. García habitaba una casa desértica con una secretaria, Mirtha Cunza de Larrauri, un escritorio de burócrata púdico, y una foto de Haya de la Torre. Pensé que nos íbamos de carnes a “La Carreta”. Falso. García mismo despejó el escritorio y lo cubrió con un papel periódico. De una mochila sacó cuatro ‘tapers’, cubiertos descartables y una botella de Kola Real. Fatal. Al abrir el recipiente encontré un miserable arroz con pollo. Abatido, tragué la presa sórdida embarrada en culantro y las alverjitas a punto de llorar. Éramos tres. García repitió, y no paró de hablar durante dos horas. Desde que me divorcié, fue la peor tarde de mi vida.

Pero hablo del García frugal y no del desmedido glotón. Vamos, tampoco es un ogro. La historia dirá que fue un político atacado de desasosiego. Dirá también de un insaciable, voraz y goloso de las miasmas de la politikós. Un animal politicus tragantón. Aquel que se comió todo lo que se movía. Mónica Delta, la curtida periodista escribió en su libro “Minutos antes de las ocho” que: “Alán García era atlético, atractivo y un Midas de la palabra”. Creo que le faltó agregar, un aventajado en las íntimas finanzas de alcoba. Cuando César Hildebrandt reveló en su columna “La rubéola” que García acababa de tener un hijo fuera de su matrimonio, que se llamaba Federico Dantón y que la madre era la guapa economista Elizabeth Roxanne Cheesman Rajkovic, una suerte de JLo de la puerta falsa y que estaba “archivada por decreto”. Qué curioso, nadie se ofendió. El fauno había despertado y las choclonas de San Isidro vivían horas de culifruncimiento retardado. Era García, nuestro presidente incontinente, y de su sexualidad no se hablaba, tampoco.

Ollanta Humala no es así. Mejor. Por ello extraño a García. Maquiavélico y genital. En junio de 1990, cuando era cronista de “Página libre”, el diario del también descomunal Guillermo Thorndike, García terminaba su primer gobierno y los peruanos estábamos heridos en el bolsillo con su política adefesiera, aquella donde nos cominos las uñas. No obstante, García había decretado que su heredero era aquel chinito bodeguero de apellido Fujimori. Esa fue la razón de ese periódico, no otra. El Gringo Thorndike, 15 días antes de las elecciones, mandó a que le tomen una foto aFujimori conduciendo un tractor. La foto apareció en la tapa del diario. Decía en grandes caracteres: “Este es el hombre”. Y aquel chinito que iba último en las encuesta, desde esa vez comenzó a remontar. Una semana luego estaba a dos puntos del líder Vargas Llosa, el candidato de la derecha. La noche que Fujimori ganó, un García ebrio de soberbia llegó hasta el local del diario y nos quedamos festejando hasta el amanecer.

Pero hoy a García lo siento en pindinga. Para muchos es el fin de la “patocracia”, aquel sistema de gobierno creado por una minoría patológica (psicópatas, sociópatas). Su palmaria participación en el “Caso BTR” no es una bicoca. Ya Luis Nava, su sicario y hombre de extrema confianza –metido hasta las orejas en los petroaudios y acusado de sus relaciones con el narcotráfico—no tiene poder. Ya no podrá visitar a los maridos ofendidos a los que García alimentaba con leche ENCI para que no les crezcan los cuernos. Fuad Khoury, titular de la Contraloría General de la República ha detectado solo entre 2009 y 2011 a 10.659 funcionarios involucrados en presuntas irregularidades. Corrupción que le dicen y que fue apapachada por Palacio de Gobierno. Súmele el Tren eléctrico, el Banco de Materiales, el caso Barrios, el Estadio Nacional. Entonces, la cosa está picante. Añádale las confesiones de Alberto Químper, más la supercomisión que se creará en el Congresopara investigarlo hasta el tuétano. Entonces, el chancho al palo de “mistura” quedará chico.

Los vecinos de Las Casuarinas no ven con buenos ojos a su flamante vecino. Aunque el hombre se desplaza en un imponente BMW 735-LI, color azul oscuro. Aunque trate de ser discreto con los 50 mil dólares de estipendio que recibe de la universidad San Martín de Porres. Aunque oculte las 4 cajas de chocolates ‘Sorrento’ que traga cuando se pone nervioso. Aunque siga soñando con Vanessa Saba en la sábana, nadie podrá impedir que se siga llamando Alan García, el hombre que siempre estuvo donde tenía que estar, siempre descomunal.

miércoles, 31 de agosto de 2011

TU MALA CANALLADA (3) diario LA PRIMERA




Cipriani, la cruz y el martillo


Escribe Eloy Jáuregui

El ingeniero industrial Juan Luis Cipriani Thorne tiene un hábito: desde el púlpito de la catedral de Lima, todos los domingos pega y sermonea de forma estentórea a esos –sobre todo-- pecadores que se atreven defender los derechos humanos. Magnánimo, administrativamente para sus fieles, Cipriani debe ser llamado: “Eminentísimo y Reverendísimo Señor Juan Luis Cardenal de la Santa Romana Iglesia, Cipriani Thorne”. Es decir, él y solo él, es único. Representa a Dios en el Perú. En jerarquías, arriba de su sotana solo está el Papa, el vicario de Cristo en la Tierra, el único planeta donde la Iglesia reconoce la vida misma. Y Cipriani, hoy le ha puesto el ojo a la Pontificia Universidad Católica del Perú. La quiere para su bando y bolsillo. Cuidado, que por eso soy ateo gracias a Dios.


Así,
la Junta de Presidentes de la FEPUC –los trabajadores de la “Católica”- del 23 de agosto de 2011 ha proclamado: “Rechazamos enfáticamente las pretensiones del arzobispo Cipriani de alterar nuestra institución y convertirla en una difusora de pensamientos retrógrados e intolerantes”. Los profesores también reclaman que mediante la modificación de los estatutos, se busca alterar los principios democráticos y plurales que caracterizan a esa casa de estudios. Que el cardenal está instrumentalizando su cargo eclesiástico de forma indebida para causar impacto mediático acorde a sus propios intereses políticos, ideológicos y económicos. “Es necesario aclarar que nuestro conflicto es ante el arzobispo Cipriani y no contra la Iglesia como institución. La PUCP fomenta la pluralidad, en concordancia con los ideales católicos de respeto y justicia”, dice otro comunicado.

Me embelesa Cipriani. Es un apasionado hormonal y belicoso. Escribía Mario Vargas Llosa aquel 8 de agosto del 2002 en el diario español “El País”: “Cipriani no pasará a la historia por su vuelo intelectual, del que, a juzgar por sus sermones, está un tanto desprovisto, ni por su tacto, del que adolece por completo, sino por haber sido el primer religioso del Opus Dei en obtener el capelo cardenalicio, y por su complicidad con la dictadura de Montesinos y Fujimori, a la que apoyó de una manera que sonroja a buen número de católicos peruanos, que fueron sus víctimas y la combatieron. La frase que lo ha hecho famoso es haber proclamado, en aquellos tiempos siniestros en que la dictadura asesinaba, torturaba, hacía desaparecer a opositores y robaba como no se ha robado nunca en la historia del Perú, que ‘los derechos humanos son una cojudez”. No es fácil decirle sus verdades a Cipriani. Cierto, te enjuicia. Por ello es bueno tener un Nobel en la familia. Así le revela sus cuatro cosas al cura bravucón.

Conocí al Ciprini basquetbolista. Jugaba en el Club Social Lince, una suerte de Sport Boys pero de clase media. El cardenal era atlético, erguido y de tiro certero. El viejo Koco Cárdenas lo elogiaba. Pero siempre fue un ‘boca sucia’. Mentaba la madre cuando le quitaban la pelota. Yo lo oía al borde del parquet en el inolvidable Coliseo del Puente del Ejército. Cierto, Cipriani debió ser soldado y no cura. No le va, su mirada lo desnuda. Yo lo imagino con casco, camuflaje y borceguís allá en Ayacucho. Son famosas sus conferencia a militares. En enero del 2001, agenciaperu.com propaló un video donde nuestro monseñor derrama tiesura en la Escuela Técnica del Ejército. Ver http://www.youtube.com/watch?v=v0w4oEX5JU4&NR=1. Pero es ‘salado’ en marzo último, estuvo en EE.UU. y visito los entrenamientos del más famoso equipo de la NBA, los Angeles Lakers. Cipriani, que jugó en la selección peruana de básquetbol entre 1961 y 1967, confesó a las estrellas del equipo, Kobe Bryant y Paul Gasol. Luego dijo: “Les ofrezco oraciones para que puedan terminar un buen torneo”. Para variar, los Lekers fueron eliminados de los playoffs.

Cipriani es hijo del conocido médico oftalmólogo limeño, el Dr. Enrique Cipriani –fundador de la Democracia Cristiana y del PPC--, y la señora Isabel Thorne --primera mujer supernumeraria del Opus Dei en el Perú (1954)--. Buena cuna. Siendo el cuarto de once hermanos. Estudió en el Colegio Inmaculado Corazón y el Colegio Santa María. Esa vez se hizo fanático y fue admitido por la prelatura Opus Dei en 1962. Ya militante, terminó sus estudios en la Universidad Nacional de Ingeniería y ejerció como ingeniero industrial en la Compañía W. R. Grace, hasta 1968. Es verdad, los designios divinos obligaban a Cipriani a más poder ¿Opus Dei? Sí, es una diócesis personal de la iglesia católica. Una organización que ofrece, “formación cristiana a personas de todas las profesiones (agricultores, enfermeras, arquitectos, amas de casa...), que tienen en común la búsqueda de la santidad en esa vida corriente”.

Durante más de medio siglo el Opus Dei –a imagen y semejanza del clan en la España de Franco-- ha ganado espacio en las esferas políticas. Desde que sus militantes ingresaron a trabajar al diario La Prensa (Chirinos Soto, Arturo Salazar Larraín, Carlos Rizo Patrón etc.), fundaron la Universidad de Piura en alianza con el poderoso Dionisio Romero y, con Rafael Rey, lograron fusionarse al aparato fujimontesinista y hasta hoy, que poseen un poder omnímodo. El cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, es su producto. El abrazo armado de esa fe. Cipriani, que cuando basquetbolista, impuso “el martillo”, un estilo agresivo para hacer una ‘canasta’ de rebote. Hoy sigue en cruzada. La “católica” es su caza.

miércoles, 24 de agosto de 2011

JAZZ Dizzy Gillespie: "A Night In Tunisia"

TU MALA CANALLADA (2) diario LA PRIMERA








Nadine, Gamarra fashion

Escribe Eloy Jáuregui

Nadine Heredia, aquella mañana en que le iba a realizar la sesión de fotos Marina García Burgos en Palacio de gobierno para la revista ¡HOLA! Perú” se levantó todavía con la sangre en el ojo. El día que juramentó como presidente de la República su esposo Ollanta Humala, había decido lucir un traje de tres piezas color malva con un sobrecargado saco con pliegues en el escote más un lazo en la cintura que provocó en la mirada de choclonas, tías y amanerados clasemedieros toda suerte de insultos y mofas. La habían choleado y más. “Que se ha creído esa igualada”, dijeron en La Planicie. “Parece una lechuga manchada de betarraga” había dicho cachosa La China Tudela, comparando el look de su prima Marishenka Miro Quesada. Incluso, el primoroso diseñador José Miguel Valdivia sentenció así: “el ropero por el que apuesta Nadine no es el más conveniente. El estilo Jackie Kennedy ya pasó. Ya no existe la primera dama arreglada para salir. Eso era en los años 60. Ella es una mujer, madre de familia, joven y bonita”.





La señora de Humala, recordó aquellas sentencias y ahora que tiene la edad perfecta para ser mujer, 35 años, no entra en vainas। Está jugosa y tierna y a pesar de su ira, más acuosa aun. Y como hoy es la Primera dama, obligó a los señorones de la revista de marras a ponerla en portada y dedicarle diez páginas de su edición Nro. 37 del 17 de agosto. ¡HOLA! Perú no es el bodrio “Magaly Tv”. No. Pertenece a Revistas Amauta, brazo exquisito, fatuo y amariconado del Grupo El Comercio. ¿Cómo? Acaso no le sacaron la chochoca durante la última campaña electoral. Sí pues. Pero la pituquería limeña es así. Chilla y patalea pero después atraca, cede, se acomoda y se apapacha. Desde Leguía y después. Desde La Perricholi y antes.



Nadine Heredia los conoce y no es una advenediza en las esferas del ‘dedo meñique’। Es hija de Cajamarquina y ayacuchano y qué. Aunque su juventud tiene aroma de mistura –Chabuca dixit. Colegio de monjas con tarjeta de crédito. Universidad de Lima antes de la invasión de ‘Eisha’. Cochecitos de Wong de Dos de mayo. Cine Alcázar. Heladería 4-D. Larco Mar. Playa El Silencio. Halloween y Silvio Rodríguez a la carta. Amen que tiene mundo. Nadine es ‘ahijada’ de Marcela Temple –una ‘lady’ y no la cónyuge del rey del huacatay--, la esposa del embajador Javier Pérez de Cuéllar, allá en París, desde cuando Humala era agregado militar en Francia. Y no le vengan con ‘etiquetas’ y remilgos. Muchas mamis del Villa María ya hubiesen querido estudiar en La Sorbona de París, Derecho Internacional y doctorarse en Ciencias políticas como ella en el 2003. Nadien es hoy la mujer peruana prototípica, madre y ejecutiva.



Pero el Perú cambió. Hace unos días Gestión informaba que más de 200 nuevos millonarios peruanos surgieron el último año. Ya Rolando Arellano anunciaba que la clase media había engordado en extremo. Y la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP confirmaba que los clientes de bancos, cajas municipales y cajas rurales, registran depósitos de más de S/. 1.3 millones y que ascendieron a 1,357 en junio, por encima de los 1,170 registrados en ese mes el 2010. Omar Manrique, autor de la nota, añadía que otros 125 peruanos tienen depósitos de S/. 4.4 millones a S/. 8.9 millones. Y que existen 65 personas tienen cuentas por encima de ese monto. ¿Y los que guardan la plata en el colchón? ¿Y los que lavan activos? ¿Y los de la 4x4 con lunas polarizadas? Bien gracias. Entonces los Berckemeyer de Osma de las Torres y Pérez y Valle de Mendoza, ya fueron. Hoy son los que mi tía Cristina llamaba “blancos pobres”. Sí, pero tienen todavía tribuna, prensa regia, té de tías. Unos verdaderos y decadentes chiflados.

La consolidación de Gamarra ya no merece la disección de los terroristas económicos de la Universidad del Pacífico. Ni Mega Plaza tampoco. Hay una pelota boyante en medio de la miseria. La asimétrica economía del país intestino. Lo canónico entonces no existe más. Lo formal, informal y delincuencial conforman la trenza. Aquello ha prefigurado un sentir, estilo y marketing híbrido y andrógino. ¿Y el buen gusto? No jodan, ya fue también. El indicador ‘NSE’ es una patraña del INEI. Valen “Los estilos de vida”. ¿Y si se cae la Bolsa de valores? Que se friegue. ¿Cuántos peruanos cotizan en Bolsa? Cuatro gatos. Así, existe el Perú de Gastón Acurio, el de Paolo Guerrero y el de los “marcas”. El de Deysi Cori de Villa El Salvador y del c. “Raúl” en el VRAE. Y vivimos hoy en el Perú de Ollanta Humala y de Nadine. Otra manera de ser peruanos. Otra forma de gobernar. Otra manera de querernos.



Y cuando en ¡HOLA! Perú Nadine Heredia le explica a Paola Ugaz sobre lo que entiende por inclusión social, lucha contra la desigualdad, movilización ciudadana, solidaridad con los miserables, educación integral, ciencia y tecnología, salud para nuestros niños y viejos, velar por la juventud abandonada, defender a la mujer del maltrato, hacer prevalecer sus derechos como ciudadanas, entonces el fino papel se aterra, las páginas se arrugan, la tinta sangra. Cierto, este número de la revista venderá menos. Muchos arrancarán la portada. Es verdad, el Perú ha cambiado. Qué paja.




TU MALA CANALLADA (1) PRIMERA




Orgasmo, prensa y poder

Escribe Eloy Jáuregui

La coleguita es ochentera por DNI y noventera por ADN. Suda y exuda al ritmo del bajo electrónico, ecléctico y lujurioso. “Boto mi neura” dice. Ella trabaja en la página política de un diario local. Sabe lo que es corretear a ministros y congresistas. En el Depeche Order, la discoteca del segundo piso del Centro Comercial El Polo, esta noche se celebra el “Chic nigth”, es decir, la noche de la esbeltez y el casticismo. La coleguita está molesta. Daniel Abugattas, el presidente del Congreso, le ha dicho que se actualice. “Qué se ha creído ese imbécil. Ni mi viejo”, dice y apura su trago escarchado y azul. Al antro asisten damas de galanura y estilo. Alcanzo a leer en la puerta: “Ingreso libre para ellas hasta las 12 AM solo con lista”. Ella estaba en mi lista.


El berrinche de la coleguita no se calmó ni el Día Internacional del Orgasmo Femenino celebrado esta semana entre aullidos y patadas a la luna. Andaba convulsa y alborotada. De la intimidad de las periodistas no hablo, cierto. Es impropio incluso ahora que las mujeres van empoderadas. Milagros Leiva de El Comercio –que está en su mejor momento—le había preguntado a Daniel Abugattas que cómo se tragaba a la prensa. El barbado congresista respondió: “El Congreso tiene que retomar el lugar que ha perdido y el mejor camino no son los periodistas. El Congreso es la institución más desprestigiada del país y ustedes ya tienen un prejuicio: al Congreso hay que darle, chancarlo”. Leiva lo hincó nuevamente: “Entonces nos está ‘choteando’...” Abugattas se computó Markarián: “No los estoy ‘choteando’. Pongámoslo en términos de fútbol, eres un jugador más, pero estás sentado en la banca. Con ustedes no puedo ganar el partido (…) Leiva que es de Huancayo le espetó: “Me preocupa que el presidente del Congreso deteste a la prensa”. Abugattas se achoró: “No solamente el presidente, pregunta lo que piensa el pueblo. Fin del interrogatorio.

Lo cosa está que arde. El maestro del periodismo peruano, Manuel Jesús Orbegozo, que está delicado e internado en Neoplásicas junto con “Veguita”, una vez me dijo que el periodista no tiene patente de corso: “apenas es un hombre con profesión y otros, solo con oficio”. Yo repetiré lo que escribió de él nuestro recordado Luis Jaime Cisneros: “Orbegozo es testigo del mundo, soldado de la noticia, heraldo de la verdad. (…)Lo he visto y oído en viajes inesperados, unas veces en excursiones sigilosamente proyectadas con seria intención informativa. E informar es una misión muy singular, cuya verdadera dimensión depende de la calidad del informante y de la significación de la noticia”. El periodista así, no es policía ni juez, ni fiscal ni verdugo, apenas un ser humano que trabaja con la verdad.


Pero desde Fujimori el periodista se convirtió en un personaje endiosado por los gobernantes. Las ‘geishas’, Olaya, Bresani y otros especímenes de la prensa, reciclados, pasaron así a engrosar la oligarquía mediática existente en el mundo con descarados intereses de las derechas cavernarias. Bueno fuese que conozcan a Federico More, Gay Talese o a Ryszard Kapuscinski. Ni en pelea de perros. Si es cierto que el periodista es lo más alejado del poder, aquello no quiere decir que no tenga relaciones con él. Pero es una composición asimétrica. De fiscalización y servicio. De responsabilidad y comedimiento al interés público.


Conozco a los periodistas que hoy trabajan en torno al gobierno de Ollanta Humala. Es gente proba, jóvenes con experiencia, alejados de las taras del periodismo de chinganas, mermeladas y chantajes. Qué bueno. Y el estilo de este gobierno, con apenas 20 días exige un modelo de prensa distinta a la que trabajo en la década putrefacta del fujimontesinismo que inventó los trascendidos, el “ampay”, el achicamiento prosódico. Vamos que comparto especial laborales con periodistas integrales. Saben de la pirámide invertida y de redes sociales. De la información convertida en conocimiento y lo mío. Ese arte de vincular literatura y prensa. Ello me convence que seremos mejores cada día.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos dice: “La libertad de expresión, en todas sus formas y manifestaciones, es un derecho fundamental e inalienable, inherente a todas las personas. Es, además, un requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática”. Qué más. Que frente a esos preceptos, el trabajo del periodista hoy más que nunca necesita de responsabilidad y respeto. Privilegiar los espacios, los del poder y los de la profesión. Pero la norma más importante es la del respeto a la opinión pública.


Entonces, cuando se instala la medianoche en la “disco” y el sitio era trajinado por aromas del perfume fachoso, la agitación hormonal, las pelvis amotinadas, el seso a punto del estallido, la coleguita me dijo: “Acompáñame que te voy a enseñar lo último de la pirámide pervertida”. Obvio. Me quedé en la barra.


lunes, 2 de mayo de 2011

SEAL

De todas las Fuerzas de Operaciones Especiales que existen en los ejércitos del mundo, las de los Estados Unidos son las más capaces por preparación y medios। Y las mejores de todas ellas son los NAVY SEAL। Los comandos de la Marina.







Los SEAL, para abreviar, están formados por aspirantes de otras unidades especiales de los Rangers, los Marines y los Delta Force. Incluso así, sólo alrededor de un 40% de los aspirantes a formar parte de los SEAL supera las pruebas de admisión.

Aunque, como decimos, pertenecen a la Marina, sus competencias suelen ir más allá. No en vano, no por casualidad, SEAL es un acrónimo de "Sea, Air and Land". Es decir: Mar, Aire y Tierra. No sólo, pues, la Marina se beneficia de las capacidades bélicas de unos hombres escogidos entre los escogidos e inmejorablemente entrenados para llevar a cabo acciones clandestinas de índole excepcional, por su dificultad o su peligro, en cualquier momento, en cualquier parte y bajo cualquier circunstancia.

Los SEAL vieron la luz en 1962 como consecuencia del fracaso estadounidense, un año antes, en el desembarco en Bahía de Cochinos (Cuba). El presidente Kennedy, él mismo un oficial de la Marina en la Segunda Guerra Mundial, consideró imprescindible crear una fuerza de infantería que partiese del medio acuático y desde él se infiltrara. A imagen y semejanza de los SAS británicos, y tomando como base los propios equipos estadounidenses de demolición submarina, la US Navy creó los SEAL.

Tuvieron su bautismo de fuego en Vietnam, donde empezaron a tejer una leyenda de silenciosa e implacable eficiencia que continuó en conflictos posteriores: Granada, Somalia, Afganistán, Irak...

Conocieron un sonado fracaso en 1980, en la operación de rescate de los rehenes en la Embajada americana en Teherán. Pero sus éxitos, divulgados o secretos, superan con creces sus fiascos. Su naturaleza originalmente acuática se hizo patente, en 1985, en el rescate del transatlántico italiano 'Achille Lauro'.

Y, hace muy poco, en el también rescate del capitán estadounidense Richard Phillips, secuestrado por piratas somalíes. Con una limpieza y eficacia absolutas, los francotiradores SEAL abatieron a tres de los captores. El cuarto se rindió y fue puesto a disposición de las autoridades judiciales estadounidenses.

Los SEAL son expertos en toda clase de armamento y técnicas de combate। Reciben el mejor y más duro entrenamiento posible. Actúan en pequeños grupos, de entre dos y ocho elementos, siempre pares. Su insignia lo dice todo: un águila aferrando un ancla y un tridente.

miércoles, 23 de marzo de 2011

EL MÁS BELLO CORPUS MORTIS: LIZ TAYLOR



Ella dormía en Surquillo

Las posturas de frente y de perfil de una de las actrices más bellas del planeta. Liz Taylor, con sus casquivanos ojos de un indescriptible color violeta y sus efluvios sensuales de leoparda encelada, desde el primer centímetro de blanco ecran que cubrió con sus poco morigerados encantos, pobló los sueños lluviosos de todos los cinéfilos del mundo, en cuya primera butaca, enamorado como un adolescente sin acné, figuraba nuestro cronista surquillano. Aquí la certera, conmovida aunque tardía carta de amor que le escribe a la actriz. (Publicado en "Usted es la culpable". Editorial Norma. 2004)

Escribe: Eloy Jáuregui

Sí, la madre --no la de Gorki sino la mía-- era dueña de un salón de belleza, un embellódromo, una clínica de cabezas. Y fue conocida, mas no popular, a siete cuadras a la redonda. De ella dependía en gran parte la estética céfala del barrio. Barrio de Lima en los sesentas; geografía de la vanguardia del chillido, la cursilería --el peinado "bombe"-- y el escupitajo. Surquillo, el barrio, sagrado territorio del cine, la mala maña y las revistas con fotones.

En el lobby, en las bancas de pino Oregón, en la antesala del pelicidio y el saloncito, los sábados por la tarde, una ruma de estrellas aguardan ser vistas, visadas y revisadas. Las Vanidades, las Bohemias, los Ecran y los Life, se mostraban desnudas, en sepia, a las clientas y cobradores. Entonces uno, infame e infante lector, bizco por el sexo sentido y resentido y a punto de estar henchido, descubrió -aquel Colón naufragando en la redondez de las nalgas del otro mundo, el círculo vicioso- que en las estiradas piernas femeninas se encontraba el eslabón perdido y no el anillo de cuero del que tanto hablara aquel maquinista-alquimista del tiempo H.G. Wells en 1895.

Piernas o pechos, qué más da. La carne cruda era lo que contaba entonces. Antropófago de figuras planas, astrónomo en busca de una estrella (del celuloide). Y en algún momento de la vida uno descubre por qué cuando una mujer pasaba -y había algunas que no terminaban de pasar- los hombres volteaban el cuello, enfocaban a punto de escopeta de la cintura para abajo, pegaban la lengua a los labios y lanzaban una especie de eructo salvaje. En algún momento de la vida fue cuando hojeé la revista internacional de cine Ecran, hecha en Chile, un número especial -muy especial, disculpen la melancolía- con un sello: "Por avión". Entonces conocí a Liz, casi despierta.

Dudo que ella se enterara. Y aunque mi madre me alentó a escribirle a los estudios de Hollywood y luego a su sagrada mansión y después a su representante, apenas intenté un garabato en mi cuaderno del Niño y la Salud. La escritura del amor es asunto de gigantes. Yo era un enano petrificado, un gnomo bajo el pórtico erótico, casi un ratón debajo del altar del bolero. Dudo incluso que Liz, treintona Liz de ojos violeta, conteste a un babiecas tercermundista de ojos turbios. Pero ese era mi problema y no el suyo estimado e hipócrita lector.

Y en la página 8, Liz o Elizabeth o Lizbeth, se mostraba de perfil -aquella nariz se elevaba hasta el cielo para caer, cual ángel en picada, en los labios del pavor y ahogarse en el infierno de su lengua, púrpura imagino- con las cejas negras en guardia -las cejas son el paréntesis del sexo- con los párpados como sábanas de seda cubriendo lo prohibido, Liz, osculoza irremediable, repito, besando a uno, y a otro y a otro más. Sus labios, clavados en las fauces de Montgomery Clift, de Fernando Lamas, de Dana -era un hombre comprobado- Andrews, de Vittorio Gassman, de Van Johnson, de Rock Hudson -era un hombre incomprobado- de Rex Harrison y en los labios apestando a bourbon de Richard Burton.

Yo sabia que la española cuando besa es que besa de verdad, como decía un pasodoble a la vuelta de Silverio Pérez. Pero Liz, abusiva, golosa y chupa gente, besaba de mentira: eso decía mamá, piadosa y ecléctica aunque nunca le creí. No importa cómo me enamoré -a esa edad uno se enamora como un chancho de cualquier cojudez, mi prima María por ejemplo, la que después se hizo conocida en la universidad de la vida como la "mete y saca" o la "baja pasión"- y no interesa el grado de ardor de mi molleja, pero es válido que se consigne que Liz aparecía en la revista con este epígrafe: "El cine la hizo reina del amor". Así que lo mío fue amor con dolor, pero, al fin y al cabo, amor a primera revista.

Que qué cosa tenía Liz. Todo, aunque sin sostén como aparecía en la portada de la bendita Ecran, tenía "eso", la sustancia de la sensualidad, la summa teológica/ escatológica/ erotológica. No importa que tres años después -ya con Richard Burton zamaqueando su vida- haya declarado al redactor de Life, don Richard Merryman en Puerto Vallarta, México: "Tengo las piernas demasiado cortas, los brazos algo largos, una papada demás, pies y manos grandes y soy muy gorda. Mi mejor atractivo son los cabellos que se me están poniendo canos. Todas mis canas tienen un nombre: Burton".

Me importaba un rábano -púber, acólito entre diosas tetonas tutelares- su papada y los enormes dedos gordos de los pies. Era ella, completa, por kilos, la interesante ante cámaras y flashes enormes, ora posando nalguda a los 15 años chapaleando en una alberca en su primera "pin up", ora explicando su anatomía (la geografía del ardor): "Tengo mente de niña en un cuerpo de mujer". Y más allá, en otra fotografía, compartiendo el estrellato con la perra Lassie (a otro hueso con ese perro) y luego otra, con un caballo anónimo y Mickey Rooney. Entonces venía lo mejor, los nada oscuros ósculos --chapadora impenitente dirían ahora los caimanes de mi barrio-- los besos a diestra y siniestra. Qué tenían sus labios. Nada, la comezón de las insaciables, el escudriñar la música de las entrañas. Entonces me enamoré de Liz, casi dormida. Y sin red -abnegados lectores- la hice mía (la revista, no la carne, porque para eso, uno era el vegetariano del sexo). Tan mía que dormía en la brasas abrazado a la mujer de papel --que aguanta todo, el papel no la mujer-- y soñaba que soñaba que dormía despierto de cara a su regazo, de espaldas a mi edad --no es fácil tener 12 años y no tener bigotes, arriba y abajo-- de cabeza y despertaba ojeroso y sediento y más delgado y en pindinga y con mis manitas como las de Orlac.

Mi segundo matrimonio con Liz ocurrió en medio de la oscuridad cómplice del cine Primavera. Mi hermano mayor, titulado en títulos del cine norteamericano, me la presentó cuando ella se dejó ver -amar sería lo apropiado impropio- en el filme Gigante. Yo seguía siendo un enano, aventajado pero enano al fin. Fue un deslumbramiento. Liz animada coqueteando con el fino finado James Dean. Liz era la cónyuge de rock Hudson -un macho petrolero texano- Dean su empleado. La justa era injusta, éramos tres tras el mismo lomo. Mi hermano no participaba, él estaba de novio con Brigitte Bardot. No diré que vencí, Hudson era bello, Dean un simpático salvaje, yo un antipático mirón, pero esa noche, la noche de Surquillo, la rapté reptando para mí solo.

Fue cuando mi madre impuso el corte Cleopatra y el río Nilo pasaba a la vera de mi casa. Que fue infiel, que era la robahombres, que se dedicaba a la caza de maridos. Que era adúltera y pituca, que le decían "la señorita tetas", aquello no me importaba. Fue cuando escribí mi primera carta de amor con un toque de G.A. Bécquer, algo de Vargas Vila y un chorro de Juan de Dios Peza: "Amada Liz: ante los dos el cielo ha parido otro cielo para dormir sin pijamas (borrón). Y espero que mañana no me saque usted la muela, porque me dicen que anoche la vieron, en un tremendo vacilón (más borrones). ¿Vendrás a casa? Avísame porque tengo perro bravo. ¿Es verdad que te gusta los dientes en la nuca? tuyo: Cañita de la laguna. ¡Buenas noches, Liz!".



jueves, 20 de enero de 2011

HA MUERTO EL MAESTRO LUIS JAIME CISNEROS




LA ESCRITURA DE LA ETERNIDAD



Hoy 20 de enero las letras peruanas están de luto. El filólogo y lingüista Luis Jaime Cisneros, uno de los intelectuales más destacados del Perú, murió por causas naturales, a los 89 años, informaron sus familiares.


«De algún modo somos hechura de sus esperanzas y sus anhelos.

Por alguna razón, con ellos vinculada, El Perú nos pertenece.

Ese lazo que puede escudar su nombre en la palabra tradición o

patriotismo se nos hace visible a través de modos invisibles».


«Mis trabajos y los días». Luis Jaime Cisneros

Y para Renato y que siga.


Yo recuerdo que decía que don Luis Jaime Cisneros es incansable. Tiene cuajo y vitalidad de añejo. Académico tenaz, hombre de esquina lingüística rozada y admirado profesor-confesor, no le pierde pisada a lo que los de a pie llamamos actualidad. A la pulsión política, a la longevidad llaman un clásico. A su tarea de escritor y a mirar al Perú todavía como un lugar decente para vivir y sobrevivir. Ahora me está observando ahí en su estudio biblioteca con su talante de ser viejo y cada vez más sabio. Este es un homenaje a su brillantez y larga vida.

Este hombre que hoy lleva consigo casi 89 años es universal, pertinaz y desprendido. Uno lo observa y pareciera que esta abrigado por lo apacible de la atmósfera amén de la luz malva de la tarde se filtra por las cortinas de su estudio de la enorme biblioteca de su casa en la avenida La Paz en Miraflores a un tris de la quebrada de Armendáriz. Y ahora me está explicando más que contando de su abuelo, don Luis Benjamín Cisneros, poeta romántico contemporáneo de Ricardo Palma, fundador de la Academia Peruana de la Lengua, un espíritu omnipresente, casi un espectro que nos vigila apacible y sonriente. Y luego habla de su padre --es jodido hablar de los padres—Luis Fernán Cisneros, poeta periodista, diplomático, como buen peruano, desterrado por liberal, demócrata y libre pensador.

De repente, sus ojos adquieren un brillo inusual. Y don Luis Jaime que está confesando que su padre tenía una curiosa actitud para la lágrima. Y en ese tiempo él no lo entendía, era tan seguro y dispuesto. Y luego, cuando aquel hijo cumplió los 50 años recién entendió porque lloran los hombres. Y recuerda una discusión del viejo con un sujeto encerrados en el estudio. A los gritos se dijeron de cosas. Luego explicaría conmovido: “este hombre me ha venido a ofrecer dinero” y de puro valiente se echó a llorar como un niño y se perdió al fondo de la casa. Fue una situación límite ahí delante de toda la familia. Y luego Luis Jaime que lo rememora por su humor chispeante y porque leía a voz en cuello y después de los almuerzos El Quijote, que después el ajedrez y más tarde las palabras cruzadas.

Tintineando sobre el escritorio me cuenta que su madre alcanzó una pasión inusitada pro la música. El violín, el piano. Y que todos los hijos heredaron ese prodigio y tocan juntos y hasta podían ofrecer un concierto de pe a pa. La familia limeña de pronto se vio embarcada a Buenos Aires. Así Luis Jaime realizó los estudios en escuelas públicas argentinas. Su contacto con la instrucción universal lo fue dotando de una pericia especial por la investigación, las ciencias, las artes. De esta manera también se convirtió en un apasionado por el teatro y las operas. La prensa porteña pasaba por su mejor momento y aquel cotejo de las noticias en los diarios lo hizo un potencial periodista. Sin embargo cuando culminó la secundaría la inclinación por la Medicina casi lo convirtió en otro. Las letras lo salvaron.

Hidalgo, nueva versión

Hablemos entonces esa tarde de El Quijote. Y léase quién fuere lo que nos contamos. Que estando fresca todavía la tinta de impresión, hacia la primera mitad del año de 1605 viajaron, desde la península para América, cientos de ejemplares de la novela del Quijote. A bordo del galeón «Espíritu Santo» y, según cuenta Irving Leonard, doscientos sesenta y dos libros tenían como destino la ciudad de México. Dice también que en la nave «Nuestra Señora del Rosario» venía un encargo mayor. Eran sesenta bultos que un librero de Alcalá de Henares, un tal Juan de Sarriá, remitía a un socio que se había acuartelado en Lima. El valioso recado, que tenía como destino el puerto del Callao, llegó primero a Cartagena de Indias y, de allí, a lomo de mulas, pasó a Portobelo y luego a la ya traficada Panamá.

La historia oficial cuenta que de esta manera el Quijote comenzó sus aventuras por el Nuevo Mundo. Lo que no logró jamás Cervantes lo conseguía su criatura, dice. No obstante, nadie ha podido dar cuenta de qué pasó con los diez bultos que se perdieron en el camino. En realidad, sesentaiseis ejemplares se extraviaron, según ciertos monjes despistados de la orden jesuita, en la frondosidad de la selva centroamericana, producto de un hurto de pájaros sin colores de los que ya no hay más. Otro dato creo que exagera. Según una colectividad nativa -ya desaparecida por la ferocidad de los sicotrópicos duros-, esas moles de palabras atamaladas fueron consumidas por el fuego inexplicable que bajó como melaza de ron de piratas desde la copa de un guayabo, hoy convertido en un muñón sin ramas.

La versión de José Antonio Roldán vendría cierta en aquel tiempo. Cuenta el descubridor de «El limbo de los perdidos», que recogió en la costa de Andros la historia de un sujeto prieto de ojos alucinados, sobreviviente de un naufragio excepcional, aquello que balbuceó más que habló instantes previos a morir de eructos pestíferos: «Deciros a vuestra merced que he bebido en Calango del agua del clavelito y que, aunque parezca afrecho de bruja, no lo es, y ya he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser la naturaleza de los encantos». Que un gaznápiro palurdo hable como la misma inflexión y acento que el mismo don Quijote no ha dejado dudas que los bultos que se extraviaron en el istmo llegaron primero al valle de Mala antes que a las bodegas del socio del tal Juan de Sarriá.

No hay duda que gracias a Cisneros que Don Quijote de la Mancha cabalgaba ya en Lima con tufo a camarones cañetanos como en Toledo o en Villanueva de los Infantes [1], a más velocidad que Rocinante y el rucio de Sancho, que ganaban piso a 31 kilómetros en días de verano y 22 en días de invierno en Castilla. Por eso, su saber supino de tapadas y rosquetes, de cómicos y alcahuetes, de soplones y celestinas, de frailes y bandoleros que en aquel tiempo abundaban en exceso [¡Oh, grande Mónica Sánchez en 'Eva del Edén', está buenaza!] en la Ciudad de los Reyes. Y ya pasaron cuatro siglos y don Quijote goza de buena salud y Lima, bueno, sigue igual.

El médico Cisneros

Y yo le digo que no lo imagino de médico. El afina el humor. Me dice que él tampoco. Pero en Buenos Aires los médicos eran políticos, pintores, líricos y hasta poetas. Luis Jaime estudió cuando se consolidaba la Reforma Universitaria argentina como vanguardia en el continente. Y tuvo como profesores a Amado Alonso, Pedro Henríquez Ureña, Ricardo Rojas, Francisco Romero. Que conoció al Papa Pío XII y a Tagore a quien le tocó su enigmática sotana gris. Y le dio la mano al Príncipe de Gales. E igual, hablaba de tango como de fútbol y hasta de la bomba atómica cayendo sobre el Japón. Que cuando terminó la Segundo Guerra y triunfaron los Aliados, junto con sus compañeros universitarios obligaron al diario bonaerense La Nación a que toque la sirena por horas y abrigado pro los dirigentes de la federación estudiantil armaron un mitin histórico en la Plaza Francia que no tenía cuando terminar.

Tuvo un hermano militar y hasta ahora no se explica por qué. Luis era menor, se hizo merecedor a una beca del gobierno argentino. Es que era un tipo especial, corajudo y audaz hasta sus cachas. Su madre lo bautizó como el “gaucho” porque cierta vez, a los 7 años se cortó los dedos con una navaja y no lloró de puro guapo. Luis, el “gaucho”, fue de la misma promoción que el general Videla y otros militares que terminaron de golpistas y que insuflaban una inclinación por un orden harto vertical. Luis, al Perú regreso como alférez. Cierto, tenía una virtud, le encantaba la lectura. Por eso en casa a nadie le jodió.

Sus maestros en la facultad de Medicina terminaron de premios Nóbel. El Dr. Bernardo Houssay y el médico Francisco Leroi. Luis Jaime se especializó en cirugía. Su internado lo estaba cumpliendo no muy a gusto en el pabellón de niños e infantes cuando el Dr. Nicolás Romano se dio cuenta de su incomodidad y le enrostró que era un engreído y lo pasó a la galera de ginecología. El practicante Cisneros se quería morir. Otra vez regresó a pediatría. Su maestro le dijo: “Oiga, lo que usted quiere es que el paciente le otorgue el diagnóstico. No Cisneros, es la revés”. Luis Jaime hasta ahora se repite esa llamada de atención. Y que era preferible escuchar y no abrir la boca en vano. Ahora me está mirando, baja los ojos y humilde me confiesa: “Sabe, creo que ese es el secreto de mi habilidad como docente”.

En 1947 la familia retornó y se radicaron en la casa de Miraflores. La medicina quedó como un buen recuerdo para curar las gripes y las tristezas. Luis Jaime retomó sus estudios de filología románica y la literatura. En 1948 de doctora e ingresa a la docencia en la Universidad Católica. Después pasa a dirigir el Instituto de Filología y la Escuela de Periodismo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Continúa en el Instituto Riva Agüero. Cuando se casó supo que había que reforzar la economía familiar y ahí se inicia en el periodismo.

Desde ese tiempo Luis Jaime Cisneros va tallando la imagen de gran maestro. Escritores e investigadores que fueron sus alumnos así lo confirman. Cisneros es el profesor de las grandes cátedras, de la clase ilustrada, de la enseñanza interdisciplinaria. Su prédica se entronca en la comprensión de un país ilegible siempre utópico. Así, genera seguidores continuos, discípulos perpetuos, alumnos atemporales.

El Quijote en Lima

Cuando la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, como celebración del IV centenario del Quijote, presentaron en la Universidad Católica la Edición Extraordinaria de la obra de Cervantes, publicada por el Grupo Santillana bajo el sello Alfaguara, él estaba ahí. Cierto, era el 2004 y Luis Jaime Cisneros fue el encargado del discurso central. Y el preceptor algo afónico de sabidurías aprovechó para pegar una conferencia magistral sobre Cervantes, el Quijote, Sancho Panza, la textualización infinita, el vuelo de la imaginación, los lenguajes excéntricos concéntricos, el genio alucinado de la lengua, la locura de la lectura encantada, en fin, dijo lo que había que decir (que no se había dicho) y habló lo que hay que hablar cuando de genios se habla. Luis Jaime Cisneros era el mismo Quijote galopando sobre los campos de Castilla y llegó al mar de Barcelona y pasó por Chincha y hasta se detuvo en Surquillo a pegarse unas copas en medio de unas coplas: «Bailan las gitanas/ mírales el rey; / la reina con celos, / mándalas prender...».

Dijo el maestro que la novela no estaba terminada porque cada lector la vuelve a inventar y rescribir. Cada lectura es una aventura, cada uno es un Quijote a su vez y revés. Entonces es fregado, a veces, lidiar con el castellano lejano pero vale la pena porque Cervantes habla de justicia, de poderosos, de humillados, de soberbios y de truhanes. Cuenta de amores y desdichas, de blasfemos y adulones. Y acaso así no es la vida. Y que lo diga Vargas Llosa, quien confesó que no a todo el mundo le puede resultar igual de fácil su lectura, que reconoció que no pudo con la obra la primera vez que intentó leerla en sus años de estudiante, que estaba en el último año de la secundaria cuando intentó leerlo y, simplemente, no pudo [2].

Es sábado en su casa y el teléfono y las visitas no paran. Ahora lo están llamando de la Academia de la Lengua, él como presidente tiene que solucionar un asunto sobre una estrofa apócrifa del Himno Nacional. Y llega uno de sus alumnos y lo apura para que firme una carta de recomendación para la Complutense de Madrid y luego tiene dar curso a un oficio para ser jurado de Himno de Lima. Pero este hombre no se agota.

Se ha levando de su asiento muelle junto a enorme tigre de bengala –Borges habita entre nosotros—y me muestra los originales de su libro Introducción de la Sicopatología del Lenguaje y uno se muere de envidia por la vitalidad de este maestro de la vida que de pronto sintió que tenía mayores motivos para seguir habitando en estos páramos cuando nació Luis Jaime Cisneros III, el hijo de Luis Jaime Cisneros Hammann, su hijo periodista de la agencia francesa AFP, casado con otra periodista, Rafaela León, de los León de esta villa del Señor. Y ahí está el abuelo retozando con el nieto. Y lo miro y él me mira. Y es casi un retrato como aquella vez cuando fui redactor y él director del diario El Observador en los ochenta y todos vivíamos imaginando distinción en aquel tiempo, cuando ser periodista era un lujo del peruano.

Cuando esa vez, a finales de 2004, el maestro Luis Jaime presentó la edición de El Quijote cuatrocientos años más tarde [3] y al cupo y con todos los honores este otro debut, Cisneros dijo en el campus de la Universidad Católica, entre afónico y emocionado: “Cuatro siglos celebramos de este libro. No es fácil hacerse a la idea pero vale la pena intentarlo [...] Propongo reflexionar por lo que significaba por entonces asumir empresa semejante. Estamos ante Cervantes descubriéndose a sí mismo. La novedad consiste en mostrarse como hombre preocupado por el libro que el propio lector tiene entre manos. Lo inesperado [y por lo tanto, lo realmente novedoso] es que le mismo lector se sienta un poco protagonista o testigo de todo ello, por cuanto con él es la cosa; para él esta confesando Cervantes todo el maremagno que lo embarga”.

Entonces, yo escribí una crónica a la sazón en el diario Perú 21. Él, maestro sencillo y frecuente, me envío un correo electrónico que a la letra [digital] decía así: “Sí mi amigo, es verdad: cada vez que leo el libro descubro algo nuevo. Y he pensado con Ortega, que es porque cada vez que lo leo, mi circunstancia se encarga del marco y los matices. ¿Usted se imagina hoy a Sancho en el Congreso, aplaudido a rabiar por los Valdez y los Pachecos y los Mufarech y los otros de cuyo nombre no puedo acordarme? Ya somos dos los que abiertamente nos confesamos lectores: el año entrante seremos más. Un abrazo: Luis Jaime Cisneros V”.

Ha caído la noche en Miraflores. Me despido, dejo al maestro sumido en su nieto de 8 meses que no pare de sonreírle. Él alza la mirada, me dice adiós y yo le deseo solamente la eternidad.



[1] Villanueva de los Infantes es aquel lugar de cuyo nombre no quería acordarse Cervantes, según desvela un estudio realizado por un equipo científico de la Universidad Complutense.

[2] «La cantidad de palabras cuyo significado no entendía y el tipo de retórica en que estaba escrito el libro prácticamente lo alejaron del Quijote», ha dicho sin vergüenza.

[3] Bajo el sello de Alfaguara, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua, apareció simultáneamente en todo el planeta en edición popular.




lunes, 1 de noviembre de 2010

ESPECIAL Mario Vargas Llosa III



"El periodismo ha sido un buen complemento
de mi vocación literaria"


Mario Vargas Llosa a los 15 años trabajando en La Crónica.
Jamás dejó de mencionar al periodismo como ejercicio que lo llevó a descubrir los secretos de la información que nuestro Premio Nobel convirtió en la escritura del arte: la literatura. En una encuesta de IPSO APOYO, no obstante hay 10 % de peruanos que no siente orgullo por esta distinción y 13 % asegura que MVLl no ayuda a mejorar la imagen del Perú en el mundo. Cierto. Si el casi 50 % no ha leído jamás alguna obra suya y ni siquiera sabe que Vargas Llosa es periodista. ¡Qué verguenza!(EJ)



NUEVA YORK (AP).- El escritor peruano Mario Vargas Llosa recibió ayer el premio Maria Moors Cabot a la cobertura periodística excepcional latinoamericana, en una cena en la Universidad de Columbia a la que asistieron decenas de personalidades de la prensa.

"El periodismo ha sido un buen complemento de mi vocación literaria", dijo el novelista en el podio tras agradecer el reconocimiento. "Empecé a los 15 años cuando mi padre me consiguió un trabajo en un diario de Lima y traté de cubrir de todo, desde crimen y deportes hasta política y obituarios".

El autor de "La casa verde", "La ciudad y los perros" y "Lituma en los Andes", entre otras obras, aseguró que el periodismo le ha dado un gran número de historias para sus relatos y que "es un arte que puede ser tan creativo como un trabajo literario, con la diferencia de que el escritor debe apegarse a la realidad".

"Rendimos honores a Mario Vargas Llosa por su distinguido aporte al periodismo", anunció el maestro de ceremonias al presentar al agasajado. "Tanto en su condición de inagotable reportero de prensa y radio, como de meticuloso artesano del lenguaje y cronista de los logros y desaciertos del ser humano, Vargas Llosa se ha pasado la vida defendiendo los valores democráticos y promoviendo el entendimiento interamericano".

El escritor señaló que el periodismo es la mejor herramienta que tiene la sociedad para descubrir sus fallas y luchar por la democracia y la libertad de expresión, e instó a sus colegas a rechazar el amarillismo y ofrecerle a los lectores siempre la verdad, del modo más objetivo posible, para que éstos puedan desarrollar sus propias opiniones.

"Mantengan en mente su responsabilidad como periodistas", concluyó.

Durante la velada, el comité universitario también concedió el premio Cabot a Ginger Thompson, ex directora de la oficina del diario The New York Times en Ciudad de México; José Hamilton Ribeiro, de TV Globo en Brasil, y Matt Moffett, corresponsal sudamericano del Wall Street Journal.

"Los ganadores de este año ilustran el estándar del premio Cabot: el máximo nivel de profesionalismo y perspicacia periodística en la búsqueda del entendimiento interamericano", dijo Nicholas Lemann, decano de la Escuela de Periodismo de Columbia, en un comunicado. "Estamos muy orgullosos de los 68 años de historia de este premio y aplaudimos a los ganadores".