jueves, 19 de febrero de 2009

CLASES DE PERIODISMO III





EL DESAFÍO ESTÁ FRÍO


El subgénero del cine político ha sido a lo largo y ancho de la historia del cine un manjar exquisito para que muchos realizadores, algunos grandes y otros no tanto, dejaran lo mejor de sí mismos con temas que muchas veces no captan la atención del gran público.


Si volvemos la mirada muy atrás, John Ford, con su habitual lirismo y melancolía, nos dejaba la inolvidable ‘El último hurra’. Otto Preminger, especialista en cine negro, daba una lección de cine en ‘Tempestad sobre Washington’ (esta misma semana se edita en dvd en nuestro país). En los 70, gracias a films como ‘Todos los hombres del presidente’ (de la que os hablaré en breve) surgió toda una oleada de películas políticas, esta vez un poco más cercanas a la calle, al hombre corriente, y siempre recogiendo hechos y personajes reales.

En los 90, Oliver Stone tocó el cielo con su impresionante ‘J.F.K.’ y también nos lanzó el ladrillo ‘Nixon’ (inmenso Anthony Hopkins). El correcto Roger Donaldson firmó su mejor trabajo: ‘Trece días’, película injustamente olvidada cuando se trata de un vigoroso relato sobre la crisis de Cuba filmado con un nervio pocas veces visto en este tipo de películas. Precisamente, sobre el segundo trabajo mencionado de Stone, parece volver ahora el mediocre Ron Howard, centrando su objetivo en la famosa entrevista que Richard Nixon le concedió a David Frost.





‘El desafío: Frost contra Nixon’ narra, a través de un excelente guión de Peter Morgan (de quien hace un par de años disfrutamos de su impecable trabajo en la excelente
‘The Queen’), basado en su propia obra de teatro, los preparativos para uno de los enfrentamientos televisivos más sonados en la historia de la pequeña pantalla: el presentador británico David Frost frente a Richard Nixon, en el que el primero quiso obtener una confesión pública del segundo a causa del caso Watergate, del que había salido impune.



Ron Howard, de quien este año nos llegará el blockbuster ‘Ángeles y demonios’, filma la que es muy posiblemente su mejor película, Decir esto tal vez no sea decir demasiado. Howard ha sido siempre un realizador moviéndose por los senderos más comerciales y maisntream que uno se pueda echar a la cara, caracterizándose casi siempre por una puesta en escena impersonal y carente de fuerza. Films como ‘Willow’ o ‘Splash’ son films muy defendidos por un público poco exigente y fácil de contentar (a los que me uno irremediablemente defendiendo esa ñoñada de título ‘Cocoon’). Con ‘El desafío: Frost contra Nixon’ Howard parece entender por fin para que vale una cámara, usándola como testigo directo de unos hechos históricos impecablemente reproducidos en un trabajo fílmico impregnado con gotas de falso documental, que además de ofrecer una fidelidad histórica, ahonda en la figura de un Richard Nixon humano, penetrando en su imagen de ídolo herido y caído, enfrentándole con una figura mediática tan triste como él, o si cabe más: David Frost, el aparentemente feliz presentador tras cuya sonrisa de portada se esconde otro pobre desgraciado.


La cámara vivaz de Howard filma con mimo, con cariño, con inteligencia y casi sin que se note su presencia (algo realmente difícil de conseguir), a unos actores en verdadero estado de gracia, y que suponen uno de los pilares fundamentales de la película. Un elenco capitaneado por Frank Langella, actor que nunca me ha parecido nada del otro mundo, pero que en ‘El desafío: Frost contra Nixon’ realiza no sólo la que es, de lejos, su mejor interpretación (uno de esos trabajos que suponen el culmen a una carrera larga llena de buenos trabajos, incluso muchos de ellos injustamente olvidados, ¿alguien recuerda que Langella fue el Drácula por excelencia a finales de los 70?), sino también una de las mejores interpretaciones de los últimos años. Langella se apodera del personaje, haciéndolo suyo, y a través de sutiles gestos y miradas (todo ello perfectamente recogido por la cámara de Howard) convierte a Richard Nixon en un personaje fascinante y atrayente, que va más allá del monstruo público que todos quisieron ver. Un ser humano como otro cualquiera, que una vez fue un líder, y al día siguiente, por una serie de errores, cayó derrumbado sin posibilidad de volverse a levantar. Langella expresa todo eso y más con una sola mirada. Y sólo por ello merecería el Oscar.




Frente a él, nunca mejor dicho, Michael Sheen, descubriéndose como el excelente actor que es, algo que ya nos había quedado claro en películas como la mencionada ‘The Queen’, en la que dio vida a un convincente Tony Blair. Sheen también tiene su momento de gloria, y aunque sea Langella quien se lleva todos los elogios, el actor galés nos ofrece a un David Frost que no se escapa a esa visión pesimista de su oponente. Frost es otro ídolo caído, aun cuando esta entrevista fue el punto álgido de su carrera. Su inteligencia no es equiparable a la de Nixon, sus ansias de fama y reconocimiento se ponen de manifiesto en su lucha desesperada por lograr la entrevista del siglo. Su buena vida, sus zapatos italianos (detalle de guión sencillamente genial) no son más que tapaderas de una existencia mediocre.

El resto del reparto, aunque nada tienen que hacer al lado de los actores centrales, cumplen perfectamente con su cometido. Kevin Bacon como mano derecha de Nixon, Oliver Platt, Sam Rockwell y Matthew Macfayden, haciendo lo propio con Frost. Toby Jones demostrando de nuevo su camaleonismo; y una Rebecca Hall algo desaprovechada, siendo éste el punto más flojo del film. A veces el personaje de Hall parece un pegote sin sentido, no encajando en la historia que filma Howard. Una historia vibrante, con ritmo, emocionante y con un par de momentos que se quedarán para siempre en nuestra retina: el tramo final de la entrevista, y el posterior encuentro entre Frost y Nixon, que sirve al director para cerrar su visión sobre ese ser tan odiado que incluso no llegó a ser consciente de sus propios actos.



(Producción: Cínicos-Perú)









lunes, 16 de febrero de 2009

CADÁVERES EXQUISITOS XL



La muerte lenta de Susan Sontag

Escribe Antonio Muñoz Molina
(Tomado de Babelia. El País:14/02/2009)






En los escaparates de las librerías de Nueva York hay una bella edición recién aparecida de los diarios de Susan Sontag, con una foto en la portada de una mujer joven de los años cincuenta, o primeros sesenta, morena, con un cierto parecido a Natalie Wood, con un cigarrillo en la mano, sostenido con esa afectada naturalidad con la que en esa época se dejaban retratar fumando los intelectuales.

En otro libro donde ella también está en la portada, Susan Sontag es ya la mujer célebre y madura con la melena poderosa cruzada por un mechón de pelo blanco: es la edición de bolsillo de Swimming in a Sea of Death, el testimonio de la agonía y la muerte de Sontag escrito por su hijo, David Rieff, que tiene casi la sequedad de un informe clínico, la tensión insoportable de ese llanto que atenaza la garganta y estallará como un quejido.

La simultaneidad de los dos libros, de las dos fotos, traza el arco completo de una biografía. En los diarios Susan Sontag empieza siendo, a los catorce y quince años, una adolescente de una pedantería aterradora, pero también muy cómica, ansiosa por leerlo todo, por ver todas las películas y escuchar todas las obras maestras de la música clásica, melodramáticamente en rebeldía contra el tedio de la vida doméstica y de la provincia americana. Nada es lo bastante elevado para ella: encuentra fallos imperdonables a La montaña mágica y la escritura de Faulkner en Luz de agosto le parece vulgar; leyendo a Gide encuentra por fin un alma gemela: "Gide y yo hemos alcanzado una comunión intelectual tan perfecta...".





En el diario, como cualquier adolescente, Sontag inventa un personaje de sí misma: lo que asombra es el tesón con que dedicó su vida entera a construir ese personaje, alimentándolo con una bulimia intelectual que le duró siempre, y que tal vez siempre excluyó el ácido corrosivo de la ironía hacia uno mismo, que es uno de los rasgos a los que la adolescencia es impermeable. Muchos años después, cuando ya estaba muriéndose de una muerte lenta y dolorosa que se negaba a aceptar, le confesó a su hijo algo que suena más propio de un adolescente que de una mujer de setenta: "Esta vez, por primera vez en mi vida, no me siento especial".




A los quince años llenaba su diario con listas de libros, de películas, de óperas y sinfonías que le era imperativo descubrir: después de su muerte, su hijo encontró entre sus cosas recortes de reseñas de restaurantes a los que quería ir y de novedades literarias que ya no había podido leer. Comparaba la voracidad lectora con la sexual, y la entrada del diario en la que cuenta una aventura erótica primeriza con otra mujer consiste sobre todo en la lista de obras musicales -Scriabin, Bartók, Shostakóvich- que escuchaban mientras hacían el amor. El éxtasis no puede ser más elevado: Sex with music. So intellectual!


En 1975 padeció un cáncer por primera vez. Le dijeron que las probabilidades de supervivencia eran escasas, pero se sometió a la operación más radical de las que proponían los médicos. Su hijo recuerda los detalles con la precisión de un informe. En esa intervención a la paciente le quitaban "no sólo el pezón y la aureola y la mama entera, sino también los músculos del pecho y los nódulos linfáticos de las axilas, que en el caso de mi madre se habían revelado como cancerosos". Se sometió a quimioterapias terribles y escribió después sobre la enfermedad con una clarividencia helada. Uno cree pertenecer al reino de los sanos, pero un día le toca descubrir que al nacer le dieron doble nacionalidad y que ahora pertenece también al reino vasto y hasta entonces casi invisible para él de los enfermos, y desde ese día ni uno mismo ni el mundo vuelven a ser los que eran.





En los años noventa, cuando se había retirado a una casa de campo en Italia queriendo resolver en la soledad una novela difícil, empezó a orinar sangre. Regresaría el miedo intacto, en el fondo nunca mitigado, la advertencia de que seguía conservando su nacionalidad sombría en el reino de los enfermos, pero le importaba mucho no parar de escribir y no fue al médico ni dijo nada a nadie. Terminó la novela, le hicieron pruebas, le encontraron otro cáncer, un sarcoma uterino.
Lo superó también pero después supo que a un precio muy alto: la quimioterapia que le dieron entonces favoreció el crecimiento de otro cáncer que se reveló unos años más tarde, una forma especialmente cruel de leucemia, que no da a quien la sufre un plazo de supervivencia de más de nueve meses.


El relato de David Rieff empieza el 28 de marzo de 2004, en el aeropuerto de Heathrow, en esa desolación de un trasbordo entre dos viajes muy largos. Tiempo de nadie en la tierra de nadie de una sala de espera. Había volado hasta Londres desde Oriente Próximo y esperaba la salida de un vuelo hacia Nueva York. Llamó a su madre para avisarle de que volvía y ella le dijo que se había hecho uno de sus análisis habituales y que los resultados no eran buenos.





A partir de ahí el libro es una pesadilla iluminada por una claridad como la que no se apaga nunca en los corredores de las clínicas, atravesada por una obsesión como la del enfermo que haga lo que haga está pensando siempre en su enfermedad, sospechado su avance en el cuerpo, su invasión todavía imperceptible. Es la obsesión de Susan Sontag por no morir y la del hijo preguntándose si hizo bien o no en secundar la ceguera insensata de su madre, la venenosa esperanza que la impulsaba a no resignarse y a someterse a tentativas de curación que tan sólo servían para agravar su martirio, a una operación de trasplante de médula que no tenía la menor probabilidad de éxito en una mujer de setenta años que llevaba casi la mitad de su vida minada de un modo u otro por la enfermedad.

"Mi madre se había visto siempre a sí misma como alguien cuya hambre de verdad era absoluta. Después del diagnóstico el hambre persistió, pero su desesperación no era por la verdad sino por la vida". Susan Sontag no aceptaba para sí el destino común, la fatalidad de desaparecer. Ella, tan especial, ¿iba a morir? Tenía tanto que escribir todavía, tanto que hacer, la esperaban tantos viajes y tantos libros y óperas y restaurantes. Pudo haberse deslizado hacia la muerte con cuidados paliativos y prefirió el tormento de los quirófanos y la quimioterapia. Sólo muy cerca del final pareció rendirse, cuenta David Rieff. Preguntó por él y le pidió que se acercara. "Quiero decirte...", murmuró apenas a través de los labios llagados. Pero no dijo nada y ya no volvió a hablar. Siguió viva unos días, pero ya estaba lejos, recuerda su hijo. Se había retirado a un lugar muy dentro de sí misma. Uno quisiera saber si antes de extinguirse Susan Sontag volvió a vislumbrar el sueño intacto de la vida futura que había inventado en sus primeros diarios.



(Reborn: Journals and notebooks, 1947-1963. Susan Sontag y David Rieff. Farrar Straus & Giroux, 2008. 336 páginas. Mondadori publicará el libro en España a finales de año. Un mar de muerte. Recuerdos de un hijo. David Rieff. Traducción de Aurelio Major. Debate. Barcelona, 2008. 149 páginas. 17,90 euros).

viernes, 13 de febrero de 2009

LLEVO TU CORAZÓN



Llevo tu corazón conmigo

(lo llevo en mi corazón)

nunca estoy sin él

(tú vas donde

quiera que yo voy, amor mío;

y todo lo que hago por mí mismo

lo haces tú también, amada mía).


No temo al destino

(pues tú eres mi destino, mi amor)

no deseo ningún mundo

(pues hermosa tú eres mi mundo, mi verdad)

y tú eres todo lo que una luna siempre ha sido

y todo lo que un sol cantará siempre eres tú.


He aquí el más profundo secreto que nadie conoce

(he aquí la raíz de la raiz y el brote del brote

y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;

que crece más alto de lo que un alma

puede esperaro una mente puede ocultar)

y éste es el prodigio que mantiene

a las estrellas separadas.


Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón).

¿ERES UN PRESUMIDOR?




El término prosumer fue acuñado por el futurólogo Alvin Toffler en su obra "La tercera ola", cómo la fusión de las palabras PROducer (productor) y conSUMER (consumidor), donde el predecía la aparición de un nuevo tipo de consumidor, que intervenía directamente en el proceso de diseño y manufactura de nuevos productos, haciendolos estos altamente personalizados. Ahora próximos a terminar la primera década de este tercer milenio, ese concepto ambigüo y teórico se ha vuelto real.

Un bloggers (personas que escriben un blog) es un claro ejemplo de prosumer. Hasta antes de la aparición de los blog, los principales productores de contenido escrito eran los diarios, las agencias de noticias proveeían la materia prima que los diarios de diversas partes del mundo, que las utilizaban para producir contenido local, que luego era masivamente distribuido en forma de periódicos (papel y tinta).

Muchas personas podían no estar de acuerdo con algún comentario del editor, noticia o reportaje, siendo su única vía de expresarse enviar una carta al editor y tener suerte de que esta sea leída y repondida a través de las páginas del diario. Ya que nadie podía iniciar su propio diario, básicamente por cuestiones económicas. Esto ponía a los diarios en la parte superior de la pirámide de producción de contenidos. Ya sea que uno fuera un renombrado periodísta o un simple ciudadano de a pie, estaba a merced de la estructura del mercado de producción de contenidos.



Internet y los blog, llegaron y cambiaron ese equilibrio y achataron la pirámide. Ahora cualquiera puede tener su propio periódico en forma de un blog, y lo mejor de todo, gratis y disponible 24/7 (24 horas del día, 7 días de la semana).
Los bloggers se convirtieron entonces en productores de contenido, al igual que los diarios tradicionales, y además los bloggers son consumidores de contenido (un blogger se nutre de diarios, revistas, televisión, cine, y otros blogs). Además en un efecto de realimentación, incluso algunos blogs, son materia prima de medios de comunicación tradicionales.

Así, la blogósfera (la porción de Internet que esta conformada por los blogs), se ha convertido en la principal creadora de contenidos en el siglo XXI, y sus miembros (los bloggers) se han transformado en los primeros prosumers de carne y hueso.
Ahora con la aparición de los portales de broadcasting de videos como YouTube.com, han aparecido los videoblog, que no son más que pequeños canales de televisión donde cualquiera con conocimientos básicos de edición de video puede convertirse en un broadcaster.

Esta bien, se produce y se consume contenido, pero ¿donde esta el negocio?, pues bien la base de la economía de la blogósfera se encuentra en la publicidad, al igual que en los medios convencionales. Pero a diferencia de estos últimos la publicidad es inteligente, esta orientada por segmentos, a través de la publicidad contextual. Es por ello que cada vez son más los anunciantes que usan Internet para promover sus productos en detrimento de los medios convencionales.




El jugador más importante en el mercado de la publicidad contextual es Google con sus dos productos estrella AdWords y AdSense. Ahora tengamos presente que el prosumer, no solamente puede tener un blog, se puede ser un prosumer si se conduce un proyecto de free software, o se es un artista que difunde su obra a través de Internet. El prosumer elimina al intermediario y comercializa directamente el su creación, ya sea este un artículo de su blog, una canción, un video o un template de myspace. El modelo de negocio sin embargo puede ser diferente, se puede regalar y conseguir fondos por publicidad contextual, se puede regalar un software básico, pero vender las personalizaciones, etc.; las posibilidades son infinitas.
Estamos ya habitando en una nueva economía y de su nueva clase empresarial: el prosumer.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

LOS MEJORES CULOS DEL MUNDO



La brasileña Melanie Nunes Fronckowiak y el francés Saïba Bombote se alzaron hoy con el premio internacional concedido a los mejores traseros del mundo, cuya final se celebró en París. Melanie y Saiba han sido premiados con 15.000 euros cada uno además de obtener un contrato de modelo en el concurso que han ganado en París



Un jurado presidido por la modelo Adriana Karembeu eligió a Nunes, de 20 años, y a Bombote, de 27, de entre los 45 finalistas de 26 países seleccionados a través de los votos de los internautas según un concurso organizado por una firma de ropa interior. "Estoy muy feliz, este premio puede ser un espaldarazo a mi carrera internacional", afirmó a Efe la ganadora del concurso, modelo de profesión, aprendiz de actriz y admiradora de su compatriota Gisele Bundchen, a la que considera "una referencia".
Además de la felicidad del triunfo, Nunes se llevó un cheque de 15.000 euros (unos 18.800 dólares), un contrato de modelo para la marca patrocinadora, un seguro para su trasero y un lote de productos de lencería, algo a lo que también tuvo derecho el ganador masculino.
Con su sonrisa, la brasileña iluminó un concurso en el que, como ella misma reconoció, "el premio estaba muy caro". Nunes apareció pronto entre las favoritas del público, invitado por los organizadores a seleccionar a sus modelos preferidos de entre la vendimia de esta segunda edición.

La brasileña celebró con un baile de salsa el paso del primer corte junto con las competidoras de Bulgaria, Alemania, Grecia, Lituania, Holanda y Polonia. En la última selección, el jurado de ocho miembros se quedó con el trasero de Nunes, que difícilmente podía ocultar su alegría. "Para mi es una oportunidad representar a mi país en el mundo entero y eso es un orgullo. Pero también es una forma de conocer mundo, me encanta viajar y esta es la primera vez que vengo a Europa. Espero que ahora pueda ir a España, un país que adoro", aseguró.
Originaria de Rio Grande do Sul y residente en Sao Paulo, Nunes quiere seguir dedicándose a la pasarela, un oficio que considera su "profesión" y su "vida". "Creo que he dado un gran paso para consolidarme en esta profesión, este es un concurso internacional muy conocido y será una buena referencia en mi currículum", dijo la modelo que, durante el próximo año, será la imagen publicitaria de la marca de lencería.
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La elección del francés Bombote fue algo más controvertida, puesto que su nombre no figuraba entre los favoritos. El modelo galo superó la primera ronda junto con los participantes de Australia, el preferido del público, Bulgaria, República checa, Grecia, Italia, Holanda y Eslovenia.
En su último pase, Bombote aprovechó para jugar con un balón de fútbol, un acto que parte del público consideró como un guiño a Karembeu, la presidenta del jurado, que está casada con un conocido ex futbolista francés. Eso, unido a que la ceremonia se celebraba en una exclusiva piscina parisiense retejada para la ocasión, provocó cierto malestar entre algunos de sus rivales. Menos suerte tuvieron los participantes españoles, que no superaron la primera criba.

Alejandra López, estudiante de magisterio y modelo, tenía puestas esperanzas en el concurso, donde vio una forma de promocionarse. El informático canario Miguel Ángel Álvarez estaba más relajado y confesaba antes del inicio del desfile que su único objetivo era pasar un buen rato y apartarse de "tantos ordenadores". El concurso de culos atrajo durante la selección previa, hecha en la red donde se colgaron más de 11.200 fotos, unos 32 millones de visitas de internautas.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL HOMBRE QUE NO PODÍA MORIR


Hemingway explica
a Hemingway

Aparece un libro más que recopila las opiniones inéditas del escritor sobre el cine y la literatura. El viejo Pa, interminable y jodido goza de mejor vida y hace años que está muerto.


Escribe JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS



El miércoles pasado, un puñado de actores de Hollywood se subió al escenario de un teatro en San Francisco para rendir homenaje a Paul Newman. En el elenco figuraban Jack Nicholson, Julia Roberts, Tom Hanks y Sean Penn y la obra que interpretaron la firmaba A. E. Hotchner, escritor y socio del actor fallecido en el negocio de las salsas Newman's Own. La relación entre ellos se remontaba a 1955. Ese año Newman interpretó su primer papel protagonista en televisión. El filme se llamaba The Battler, el guionista era Hotchner y el autor del relato original, Ernest Hemingway, que había ganado el Premio Nobel de Literatura el año anterior.


El autor de Fiesta fue, de hecho, el otro gran amigo de A. E. Hotchner (St. Louis, EE UU, 1920), que acaba de publicar La buena vida según Hemingway (Belacqua) en traducción del novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez. El libro es un autorretrato en el que las fotografías del escritor estadounidense alternan con sus propias reflexiones. Los textos, inéditos hasta ahora, surgieron durante las horas de conversación que ocuparon los 13 años en que Hotchner recorrió el mundo al lado del gran hombre blanco.

A. E. Hotchner conoció a Hemingway en 1948, cuando aquél trabajaba como "cazarrecompensas literario" para Cosmopolitan, que "antes de su corrupción" era una prestigiosa revista en la que habían colaborado Dorothy Parker, John Steinbeck y el propio Hemingway. La guerra interrumpió aquellas colaboraciones y su misión era recuperarlas. Sin demasiada convicción, Hotchner peregrinó hasta Cuba, donde el escritor pasaba largas temporadas. Antes de volver de vacío a Estados Unidos, Hotchner quemó su último cartucho: "¿Podría por favor mandarme un rechazo por escrito para que yo pudiera conservar mi miserable trabajo?". Hemingway le invitó a tomar una copa y su amistad ya sólo se interrumpiría el día de julio de 1961 en que el autor de Las nieves del Kilimanjaro, aquejado de cáncer y a punto de cumplir 62 años, se disparó en la cabeza con una escopeta. "Me he pasado el tiempo matando animales y peces para no tener que matarme a mí mismo", afirma el novelista en una de las notas recogidas por Hotchner.


La buena vida según Hemingway recorre la existencia de un ser excesivo que había nacido en una familia en la que, en sus propias palabras, "la madre era una perra y el padre, un suicida". Y de Chicago, a la Gran Guerra. En Italia, un disparo de mortero le mandó al hospital con 279 pedazos de metralla en la pierna derecha. Guardaba las esquirlas que le iban sacando en un tazón junto a la cama. Le dieron dos medallas: "Las tiré en el tazón con el resto de la quincalla".


Pasada la contienda y las penurias que alimentaron París era una fiesta llegó la fama. Hemingway pescando en Cuba ("Como pescador, Castro era incapaz de ganar su propio torneo de pesca, aun cuando el torneo estaba arreglado"), Hemingway en los toros ("La luz que hay entre la ingle del torero y los cuernos del toro se incrementa a medida que se incrementa su riqueza"). Y Hemingway en el cine. Las relaciones del escritor con Hollywood ocupan un capítulo importante en un libro que da cuenta de su acidez a la hora de valorar las adaptaciones de sus novelas. Así, ironiza sobre Gary Cooper e Ingrid Bergman al ver Por quién doblan las campanas ("La gran escena de amor... y él nunca se quita el abrigo") y sobre Spencer Tracy por El viejo y el mar ("Parecía un actor gordo y rico haciendo de pescador").

Pero La buena vida según Hemingway contiene, sobre todo, la poética de un narrador que escribía de pie, que decía haber aprendido de Cézanne a describir paisajes y que lanzaba sus dardos contra el barroquismo en las carnes de William Faulkner: "¿De veras cree que las grandes emociones vienen de las palabras grandes? Se cree que no conozco las palabras de diez dólares. Claro que las conozco. Pero hay palabras más viejas y simples y mejores, y son las que uso yo".


viernes, 24 de octubre de 2008

PREMIO A LOS MAESTROS DE SURQUILLO


SAN MARCOS INSTAURA LA MEDALLA DE LA CULTURA “LA CASONA” QUE SERÁ ENTREGADA EN EL MARCO DE “LA SEMANA JUBILAR”. Carlos Hayre y Manuel Acosta Ojeda serán premiados con este galardón el 31 de octubre en la Casona.

Con una “Semana Jubilar”, ciclo de actividades culturales variadas, se festejará el 403 aniversario de la Casona de San Marcos, joya arquitectónica que alberga al Centro Cultural de la Decana de América.
Dentro del programa de actividades, uno de los eventos centrales será la entrega de la Medalla de la Cultura “La Casona”. Este galardón ha sido creado para premiar el aporte cultural de personajes descollantes de nuestro mundo intelectual y artístico.
La medalla se entregará por primera vez a dos reconocidos personajes del ambiente músical: el guitarrista, bajista, arreglista y compositor Carlos Hayre (Lima, 1932) y el cantautor y compositor Manuel Acosta Ojeda (Lima, 1930). Ambos serán premiados en reconocimiento de su contribución a la música y el ennoblecimiento del arte popular del Perú.
La imposición de la medalla se llevará a cabo en una ceremonia que se realizará el 31 de octubre, Día de la Canción Criolla, a las 7:00 p.m., en el Centro Cultural de San Marcos – La Casona (Av. Nicolás de Piérola 1222. Parque Universitario). Además de la presencia de las autoridades sanmarquinas, habrá conjuntos musicales que animarán una noche memorable de peña criolla y de música popular. El ingreso es libre.

Para mayor información comunicarse con la Oficina de Imagen Institucional del CCSM: 6197000 anexo 5207.




Carlos Hayre (Lima, 1932)
Gracias a su gran talento aprendió a tocar de oído. Posteriormente estudió guitarra clásica, conocimientos que le fueron muy útiles para aplicar las técnicas en la música popular.
En sus composiciones introdujo armonías y arreglos modernos de jazz y bossa nova. Asimismo fue un pionero en el uso del cajón en los valses criollos. También destaca como uno de los más prestigiados estudiosos e intérpretes de la marinera limeña. Es compositor de un sinnúmero de valses, marineras, huaynos y mulizas. Además ha compuesto a dúo con Manuel Acosta Ojeda una treintena de canciones entre las que figuran "Adiós y sombras", "Siempre" y "Triste ausencia". Cabe destacar que como guitarrista, bajista, arreglista, conductor, director y acompañante, Hayre ha actuado en Estados Unidos y Centro América, y grabado alrededor de 80 álbumes con prestigiosas agrupaciones latinoamericanas.

Manuel Acosta Ojeda (Lima, 1930)
Cantautor peruano de música criolla, que ha estudiado asimismo la música popular andina y compuesto huaynos, yaravies y mulizas. Es considerado uno de los mejores compositores de este país. Desde muy joven empezó a componer e interpretar música criolla. En 1946, conoció a Carlos Hayre, con quien cultivó desde entonces intensa fraternidad. Como Acosta Ojeda escribía versos y canciones, Hayre le pidió que pusiera letra a una melodía de su inspiración. Así nació su composición inicial, a los 16 años, y producto de su amistad con Hayre empezó una importante alianza creativa que nos ha entregado inmortales canciones.
Acosta Ojeda fue integrante de diversos grupos criollos, como el Trío Surquillo (1948 a 1950) y el dúo Los Dones (1951 a 1954), destacando en festivales y emisiones radiofónicas.
Los valses “En un atardecer” y “Madre”, composiciones suyas, alcanzaron gran popularidad al ser interpretados por el Trío Los Chamas en 1955.
Es autor de numerosas canciones populares como: “Cariño”, “Ya se muere la tarde”, “Si tú me quisieras” y “Puedes irte”.


lunes, 20 de octubre de 2008

CARTA SOBRE MAGALY MEDINA



CARTA PÚBLICA A LOS PERIODISTAS DEL PERÚ.

Señores de la ANP:

Con todo respeto, he leído su comunicado en relación a la procesada Magaly Medina y su operador, comprometidos ambos en delitos reiterados sobre difamación en honor de los peruanos. Un modus operandi y un estilo con sello propio que se hizo costumbre en los medio de comunicación que fustiga rotundamente nuestra profesión y nuestras normas éticas de uso publico.


Respecto al párrafo:

“La ANP deja en claro que aún cuando no comparte el comportamiento ético de algunos comunicadores, corresponde a la opinión pública comprender que el Estado o los gobiernos están en el deber de no abdicar en el pleno respeto a la libertad de prensa, por cuanto esta permite conocer lo que ocurre en los diversos estamentos de la vida pública”.


Y respecto a lo dicho:

(la tarea de la periodista Medina) “trasciende en perjuicio del derecho a la libertad de expresión, la libertad de prensa y el derecho a la información".


Debo opinar:

Los periodistas somos profesionales de la información, la opinión y el tratamiento de los hechos noticiosos. Jamás de la infidencia y la espectacularización de los actos privados de los ciudadanos de cualquier parte del mundo. Ese es precisamente el caso de la procesada. Una periodista que no cumple con los mínimos principios de nuestra actividad.


La justicia se ejerce para todos.
La señora Medina está en la cárcel y no necesita de nuestro gremio para ensuciar un valor primordial como es el de la Libertad de Prensa.

Atentamente

Eloy Jáuregui Coronado
DNI 07224437

miércoles, 24 de septiembre de 2008

LA CONCHA DE BUFALO VIL



LOS TÍSICOS

Por Eloy Jáuregui

Admiro a Eva Ayllón cuando canta valses. La vez que intenta con otro género, por ejemplo un bolero, está fatal. Me amotina escuchar el valse El Tísico (“No me beses que estoy muy enfermo…”) en la voz de Rómulo Varillas. Solo un guaracazo de ron me calma. A propósito, Augusto Thorndike denunció el domingo en un formidable reportaje en Canal 4 que los enfermos de la tuberculosis ‘multidrogorresistente’ aumentó en el Perú colocándonos en primer lugar sólo superados por Haití. Los tísicos, señora.


Vallejo hablaba de los ministros de Salud porque él nació un día en que Dios estuvo enfermo. Yo hablo de Hernán Garrido Lecca, un funcionario obtuso. No es un advenedizo político. No es de Los Malditos de Zapallal. No. Es un militante activo de una organización: El Apra. Su gestión traduce directivas partidarias. Sé que Alan García se banca a sus ministros. Miré usted al chamuscado Lucho Alva. Sigue regalando patrulleros y los policías de la Av. Javier Prado siguen cobrando coimas.


“Si no ocupas de la política, la política se ocupará de ti”, me decía mi maestra Ely cuando yo le miraba las piernas. Trato, así, de no ensuciar mi escritura. Pero entre la huelga de médicos, Garrido Lecca, los tísicos y el Canal 7 hay una línea putrefacta, delgada pero línea al fin. Señora, los médicos no son responsable de que uno se enferme. Un profesional de la salud que ha estudiado 10 años no merece estar trabajando 18 horas diarias para tener un sueldo decente. Tengo dos primos médicos que me paran picando. No llegan a fin de mes.


Carlos Manrique, presidente de IRTP (Canal 7) hizo el milagro para indignarnos a todos. Se tira contra los médicos. Botó a Cecilia Barraza. Era muy cara, dijo. No obstante, se rodea de asesores. Emite una telenovela coreana. Transmite Los caminos del inca. Tiene entre ojos a Presencia Cultural. Ya se deshizo del maestro Giacosa y es más conchudo que el mismo Garrido Lecca.


Mi padre hablaba de los búfalos. Yo digo que no se puede ser más duro de mollera. Que los apristas tienen que dejar esa supina soberbia. Oigan el pataleo de los peruanos. No es cuento. El maestro Haya debe estar revolcándose en su tumba. Si lo planearon tan bien no les hubiese salido tan mal.




(*) Publicado en LA REPÚBLICA. Sábado 20 de septiembre del 2008.

ENTRE HORNOS Y ROCOTOS DE BLANCA CHÁVEZ

LOS FOGONES DEL GRAN SUR

Por Eloy Jáuregui



Existe una vigorosa y telúrica cocina regional en el Perú. Es la cocina del gran sur. Un compendio de potajes, registros y conectores culinarios que conforman un basto universo de expresiones del arte de cisoria. Síntesis que los hace diferentes por excelsos pero que están inmersos en el enorme capítulo de las cocinas nacionales y regionales peruanas. Y digo que es gastronomía regional y no departamental porque el tejido sápido de sus expresiones van más allá de las fronteras políticas, diluyen los pagos de castas y organizan gustos liminares que se afincan en un centro cultural por su mestizaje y variedad: ahí radica la cocina arequipeña.

Blanca Chávez, la mejor cocinera arequipeña

Pero acaso en el Cusco, como faro monumental de nuestro pasado, no habita una impronta culinaria portentosa, se preguntará un comensal distraído. También, pero mi hipótesis –refrendada formidablemente por el libro Entre hornos y rocotos de Blanca Chávez—es pretenciosa aunque supongo, como otras, rebosante de audacia. De igual manera podría citar la excelencia de los peroles moqueguanos o tacneños. Los potajes del altiplano, las variaciones en Apurímac y el sur de Ayacucho. Pero la summa arequipeña es ciclópea y abundante en rasgos de originalidad e imaginación.

Digo que la cocina de Arequipa es superior por despensa, clima, agua y por supuesto, por el genio heterogéneo. Se reúnen en su espíritu el alma española atiborrada a su vez de un supino mestizaje. Los conquistadores eran castellanos, vascos, catalanes, celtas y más, y venían aderezados de los jugos caldurientos de la miel mora. Árabes en esencia y en su mayoría, abrazados a mujeres. De ellas es el maridaje del picor y el dulzor. Eterno placer para papilas sensualizadas. Y vamos que hoy están de moda los varones cocineristas. Al contrario, como se explica en este texto, la cocina arequipeña en amplia matronil. Su lógica es femínea por delicada y picante por mujeril.


Cuando Blanca Chávez explica en el capitulo primero de Entre hornos y rocotos
que en una olla hirviente arequipeña confluyen los sabores de los migrantes sureños que ponen su cuota cocinera que Arequipa supo incluirlos en el calor de su propio carbón y recrearlos como peculiar modo de sentir los aderezos de su tierra, no está diciendo más que hay en el origen de esta cocina, sólidos cimientos tutelares pero al mismo tiempo, apertura a una mundialización que la hacen digna del gusto cosmopolita y diferente a otras cocinas regionales del Gran Sur.

Es conocido el carácter de las damas arequipeñas. Regionalistas y orgullosas de ese repertorio heredado desde las brumas de las más profunda memoria. No obstante, su apertura a las influencias de otras cocinas regionales las hace doblemente valiosas porque han integrado e interpretado los temperamentos foráneos frente a los fogones. Una anécdota pinta esta propuesta, mi tía abuela, Catalina Villena, la “Tía Cata” para toda la familia, vivía inmodesta en un solar de la calle Ejercicios a tiro de piedra de la Plaza de Armas de Arequipa.


Llegar a Arequipa desde Lima en la década del 50 era descubrir su universo nutricio. Su registro personal atesoraba la hermenéutica de 125 “Chupes” y tenía como su pendón y estandarte aquel que ella bautizó como “Timpo frutado”. ¿Qué era? Un chupe –variación de sopa holística, integral y póntica—con carnes tratadas. De res, la punta de pecho. De cordero, el lomito. Tripas, vaya uno a saber. Harto hueso de manzana y un festín de peras y melocotones abridores. Los platos llegaban humeantes a la mesa y mi niñez se convertía en sabiduría, mi sorpresa en magisterio, mi precocidad en sapiencia. Su ingesta duraba una eternidad. Cuando acababa la ceremonia definitivamente uno no era uno. Era otro.

Don Jorge Polar en la tercera edición de su celebrado Arequipa, Descripción y Estudio Social de 1958, escribe: “Allá abajo, la orilla del río, casi en el centro de la comarca, está la ciudad, blanca, como hecha de espuma o de lava o de alabastro. La bruma de la tarde comienza a cubrirla y va palideciendo como si se sumergiera lentamente en un ensueño. En torno suyo, asomándose, entrándose a sus calles, como curiosa de verla, brillante la campiña, verde y hermosa todo el año, pero que en esta tarde de diciembre está más hermosa que nunca, porque los trigos maduros parecen campos de mieses de oro y los campos de maíz lucen verde-oscuro en las cañas nuevas de anchas hojas, y las arboledas, con el buen tiempo y los anuncios de las lluvias de verano que no tardará, están de frondosas que ya se rinden a su propio peso”.

Con tamaño paisaje descrito por Polar, uno se puede imaginar que esa tierra es un Edén. Pero es más. Arequipa trasunta su paisaje e inventa un repertorio del jamar vicario. Sus recetas, que en este libro Entre hornos y rocotos de la notable restauradora –el restaurar en su restaurante es su ciencia—Blanca Chávez, alcanzan a las 183 composiciones, no hablan de otra asunto que no sea el de la frondosidad de repertorio, de la excelsitud de sus artificio, de la misteriosas conexiones entre los herméticos secretos de los valores sápidos. No otra cosa es este libro. Un viaje por los hornos y fogones de una Arequipa que es, en el registro de la cocina, un continente aún por descubrir. De ahí que este libro forme parte de un serial que Blanca Chávez viene preparando para la liturgia ceremoniosa de una cocina monumental.


Zarzas, chupes, malayas, solteros, he aquí presentes, descritos más que como recetas, cual fórmulas para alcanzar la felicidad del paladar que es uno de los placeres más caros de todos aquellos que tenemos a la mano y en el paladar los humanos. Su tejido con otras cocinas, la morisca, la africana, la universal, es el resumen de un hito exorbitante que en este texto está refrendado por la teoría y la práctica. Amén de los insumos que son de tierra, de cielo, de río y de mar. Que son nativos e injertados. Que se cocinan en las brasas de una casa de prosapia como de una picantería –el restaurante popular con lógica e ingeniería propia--, con intensidad y devoción. Que se llevan en la memoria y que sus portentos como es el caso del restaurante El Rocoto, trasladan con fidelidad aquella matriz de origen a la capital limeña, con los insumos y la ternura de sus constructores.

Finalmente, el logro de este libro reposa en la forma natural y diáfana en que su autora ha conseguido, con un lenguaje coloquial y con una mirada serena de conservadora de un patrimonio intangible de su Arequipa querida, la mejor manera de demostrar su cariño a esa inmensa herencia cultural. Por eso, al entregarnos un libro donde la cocina del Gran Sur descubre su gran capital: Arequipa, Campiña y volcanes. De rumorosas huertas y de anisados amansadores. De genio y temple que han quedado retratados en las almas de sus peroles y el espíritu de sus leñas jamás extinguibles.

sábado, 23 de agosto de 2008

POEMA PARA MANUEL MORALES


Hachazos de sombra o
cinco zambas toda la noche



Hercúleo en esencia y dibujado en el dado
Rueda su palabra y su sexo y polifonías.
Morales es de naturales y baja el toro así.
Cuando está de mañana se erecta de sombras
Por la tarde lee a Pratolini y escupe cupidos.
Se enamora al anochecer del silencio de la luz
Y cuando se acuesta, agata a la presa y felicea.

Su ayuno es descomunal por espumas y poemas
Entonces crea la recta retorcida y el semen del sema.
Morales vive en Brasil y su ternura la envía en su loro.
Está bronceado de lisuras y degüella las tristezas
Canta al Vinicius y corretea monjas, el maestro.

Si supiera que lo amamos no se hubiese muerto.
Si viera cómo lo extrañamos sería imperecedero
Si olvidara que lo vamos a recordar a morir,
Morales estaría de hachazo y resondrándonos:
Cierto, como un padre que fue de Hora Zero.
Entonces en el cielo te veo, con la cuenta.



Eloy Jáuregui, agosto, 2008



(Fragmento de su última carta desde Brasil)
“MI NEGOCIO AHORA ES ENAMORAR”


“Ustedes dirán Manuel Morales vivió lejos y nos olvidó. No es verdad. Siempre viví con mi conciencia transformada en un derrelicto. Y hallo que fue bien. Desde lejos vi a mi generación crecer. Tengo orgullo de ser un militante de Hora Zero, el movimiento que con mi hermano Jorge Pimentel, el chome Ramírez Ruiz, Jorge Nájar, Enrique Verástegui y tantos otros hermanos, como el imponderable y juicioso Tulio Mora, ayudamos a erguir para que la poesía no sea una farsa y sí el resultado dialéctico de una generación que ansiaba la libertad contra todos los indicios del oficialismo.
(…)
Soy, como ya dije a mi hermano Miguel Gutiérrez, un hombre libertino cuyo negocio ahora es enamorar. Vivo en el sur del Brasil en Porto Alegre, capital do Río Grande do Sul. Un lugar muy interesante por sus mujeres lindas. Ya habrá oportunidad para que les cuente mi vida”. (Carta fechada en junio, 2005)

lunes, 18 de agosto de 2008

EL MAESTRO EN EL CIELO

UN ADIOS PARA EL REY ROJO

El era un año mayor. Yo lo quiero como a un padre y un amigo entrañable. Constantino Carvallo se me ha muerto esta mañana en la clínica Americana. Estaba con un infarto prolongado. Lo operaron esta madrugada en la Clínica Americana. Hoy, repito, está muerto y yo que no aguanto la pena. Constatino Carvallo no estaba para la cirugía sino para la educación.

Repito lo que dice El Comercio: "Eel velorio será hoy al mediodía en la iglesia Virgen de Fátima, en el distrito de Miraflores. Costantino Raúl Carvallo Rey fundó el colegio Los Reyes Rojos en 1978 y desde ahí difundió una visión de la educación que se alejaba de lo covencional. En palabras propias de este multifacético educador, la escuela debía ser "un espacio de socialización en el que se forja el carácter del individuo y del ciudadano. La autonomía moral y la búsqueda crítica del saber son los fines fundamentales que dirigen su actuar".

Carvallo fue dirigente del club Alianza Lima, desarrolló un programa en el que diversos jugadores de las divisiones menores de ese club acudieron a Los Reyes Rojos a estudiar, además de brindarles un techo a aquellos que tenían un difícil entorno familiar. Jefferson Farfán, Paolo Guerrero, Alexander Sánchez y Jairzinho Baylón, son algunos de los futbolistas que en más de una ocasión han agradecido la oportunidad que les brindó Carvallo.

Hace una semana hablamos por mi celular. Lo llamé porque necesitaba su sabiduría. Yo estaba perdido. Él sabía todo. Hace dos años presentamos el libro de Phillips Butters, "Muerte súbita", la primera novela sobre la jaqueca nacional: el fútbol, escrita por el gordo barranquino.

Antes fuimos a "El Cantarrana, con Mercedes Gonzales y Mayte Mujica de Santillana. Tomamos nuestros chelas y hartos cebiches. Sabio, como siempre, Carvallo dijo que el libro era un texto justiciero. Yo le dije que la justicia era cosa de injustos con el bien común. El me abrazó.

Lo vamos a velar esta tarde y por el resto de nuestros días. Su preocupación fue tan grande que mi 'colarado' se nos adelantó.Constantino era el más alegre de los serios. Todo se lo tomaba a pecho, hasta la muerte. ¡Buen viaje maestro!

viernes, 15 de agosto de 2008

JULIO HEVIA: LENGUADOS Y LENGUAJES

HABLA JUGADOR

Así se llama el libro: “¡Habla jugador!”. El jueves junto al Dr. Óscar Quezada lo presentamos en la Feria del libro. Es un constructo de aquello que todos usan y a nadie le importa. El habla. La lengua. Esa oralidad que nos corre por las venas. Entonces, usted, estimada señora, dirá qué quién es uno para que en el sello Tauros de la editorial Santillana publica un libro de 354 páginas sólo para diseccionar eso que nos hace distintos y diferentes. Uno es quien habla. Uno es su habla. Uno es su lengua. Lo otros son cojudecez.
Las palabras existen incubadas a su ADN y se clonan. Julio Hevia las observa, explica y ‘juega’ con la polisemia más densa de su estructura oculta: la jerga atravesada por el argot. Esa urdimbre proscrita cuando escrita. Este libro es el primer tratado serio de la ironía del habla.

Así, estimados lectores, lengua no viene de lenguaje sino del lenguado, ese pez en blanco y negro coloreado por los imaginarios y deslizándose en las turbias aguas de los signos académicos, los vocablos marginales y los significados nodales. El giro y el jirón, la jerga y su ardor.

El tejido hablado tensado por la erección del decir. Así es un texto que revisa la obviedad del pronunciamiento e ilumina el reflector apagado, imaginado por la erótica de las páginas negras. Ese alfabeto del instante conectivo eternizado por el enunciar y el denunciar. Texto de textos, este libro. Lenguas sin menguas, su lectura.

No es cherry. Es un elogio a la geografía del decir. Dublín es Joyce. París es Balzac, Nueva York es Capote. Lima es Reynoso. Surquillo es Jáuregui. El maestro Julio Hevia es ese universo de la lengua babeante. Un escalpelo para cortar por lo sano. Un cicatrisista del vacío del valor auditivo. En su glosario (de su madre) escribe y describe: “yesterday”, igual a cigüeñal, idéntico a ciruela, similar a sida.
Pero aclara que no es una de Los Beatles. Eso es memoria. Lo suyo es torería. El arte de driblear lo imposible. La puñalada de Calatayud vestido de crema. No joroben. Es libro de antología para su analogía imperecedera. Julio es de Jesús María. De allí son los cantantes. Y cierto, los maestros como él. Y no soy fiel.

viernes, 8 de agosto de 2008

HORA ZERO VIVE

De izquierda a derecha aún en estados ecuánimes: Paul Guillén, Enrique Verástegui, Alberto Escalante, El que escribe, Ángel Garrido, Abel Herrera, Jorge Verástegui, Jorge Pimentel, Ricardo Paredes, el Gran Carlos "Chino" Domínguez (agarrándose el aparato) y el maestro Oswaldo Higuchi. Ahora vienen más libros, más fotos, más poemas, más videos, más mujeres y más hermosa locura.


Ese viernes de agosto el Movimiento HORA ZERO, (faltaban llegar Tulio Mora, Miguel Burga y otras firmas) nos amarramos juntos a tres mesas de mármol de la Cantina QUEIROLO del viejo barrio de Pueblo Libre. Había llegado nuestra amiga argentina Ana María Chagra desde Barcelona trayendo unas lapiceras que enviaba Yulino Dávila.

Jorge Pimentel, Oswaldo Higuchi y Carlos "El Chino" Domínguez

La foto corresponde al gran maestro Fernando Obregón Rossi: Poeta, mundano y el mejor blogger ilustre de Hora Zero. Yo soy el de la gorrita y muestro un texto en blanco. Usted escriba lo que le dé la santísima gana. HORA ZERO está vivo y escribimos con el mismo FERVOR que desde aquella vez cuando Jorge Pimentel y el recordado poeta Juan Ramírez Ruiz fundaron el movimiento. AHORA ME VOY A LA FERIA DEL LIBRO DE TARAPOTO.

En el histórico bar SUPERBA. Eloy Jáuregui, Oswaldo Higuchi, Jorge Pimentel, Ricardo Paredes, Tulio Mora, Ángel Garrido, Enrique Verástegui, Alberto Escalante, Abel Herrera.

miércoles, 6 de agosto de 2008

PUNTA DE PECHO (1)


El borracho de Dante y Primavera *


Los muchachos de la luz en su locura
coagulan lo que tocan,
agrian la miel hirviente.


Dylan Thomas

El padre debe morir antes que el hijo, digo
e inmarcesible lo asaltaron los despojos
Aquel seco de caña es el líquido tiempo baldío
Su barba contra el espejo, su niñez tras las etiquetas.


Apura la copa del ahogo a su encuentro, habla para nadie
la familia retratada de cuaresma, su puta y torrenteras
el abuelo salobre de sombras en el sagrado aserrín
su sed cruza la calle blandiendo el sol en estallidos.

Soy el niño tatuado a la mirada del ebrio a contraluz
He visto esa silueta desde que el día lo lame de postemillas
El perfil, su barbilla anclada al cocido de sus tantos yoes
La eternidad es el aguardiente de savias que lo inyectan eréctil
Quién sabe de la daga que enhebra así los retratos de ella.

Traga su arpón de espumas, los conchos memorables,
el hálito de aguajes, el otro día de púas y electrodos impunes.
Padres e hijos y otras aguas, sangres y vasos tras de ti
Se cuenta de mujeres y amores muertos, de hazañas llorando
a cadáver, se apura el resto, la botella de arenisca.

Y al amanecer uno prohibe que la luz dé al corazón
su hado al joven que observa desde la miesmedad el te amaré.
Y cuánta sabiduría tantálica, la barra justicia a ojo mojado
Malaguas del alongado cuerpo complacido de las llagas.

Bares como las naves encalladas al honoris causa
el refugio eterno, mirada que teme al mortal reflejo
tiembla el tacto, las sedes del acoso, indomables
en la barra el yonque luce su aguarrasada eternidad y
sus huesos sin dientes abren sus labios al agua del fuego.


* Del libro Maestranza, 2007. Eloy Jáuregui